Caín, de José Saramago

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Caín, de José Saramago

Una historia desacralizada de la Biblia, relatando básicamente los puros hechos, como un historiador atrevido, un narrador de los hechos tal como allí mismo se relatan, nos muestra una historia cruda. Con todas las caras de un dios que no ama a los hombres: soberbio, inmisericorde, cruel, rencoroso, celoso, envidioso, millonario enriquecido con los botines de guerra, vengativo, castigador, loco, malvado, sordo a los clamores de sus sufridos creyentes, de poder absoluto y conciencia flexible. Los castigos que emanan de este dios, constituyen el destino del hombre, el otro nombre de dios. ¿Y todo por qué? Porque no puede admitir la existencia de dos dioses: él mismo, y, tras comer el fruto del conocimiento del mal y del bien, también sus hijos adán y eva, padres de abel y caín.

Del mismo modo, es cain un criminal, que mató a su hermano. ¿Y todo por qué? Por la ofensa que le hizo dios al rechazar, a diferencia de la de abel, su ofrenda. Y dios lo castigó: erraría indefinidamente por el mundo y los tiempos.

Así, podemos seguir a cain, yendo entre el presente, el pasado y el futuro (otros presentes) en la tierra de nod, en el palacio de lilith, en el fértil valle extranjero de las tierras de nod, en los alrededores de sodoma y gomorra, en el desierto de sinaí, en los alrededores de jericó, en los alrededores de la torre de babel, en tierra de uz, en la mesopotamia, en el arca de noé.

Erraba, y aunque parecía ser sin rumbo alguno, ni depender de él en qué tiempo se hallaba, testigo de los agravios y horrores con los que dios castigaba a la humanidad, no era así: afirmaba el derecho de los hombres a gobernar ellos mismos, no dios, sus vidas, y alimentaba así su odio a dios.

Preparó así su venganza, la venganza de Caín contra ese dios que no amaba a sus hijos.

Una venganza que, a fin de cuentas y en realidad, sólo completaría la obra que dios había iniciado, y del que el errante fue testigo. Así creyó cain llegada también la hora de dios, tal como había proclamado en su odio vengativo. Pero tan sólo completó la obra de aquel. ¿Es que no hay esperanza posible? El profundo pesimismo de esta época, sigue enseñoreándose, aún entre herejes e iconoclastas que escriben desacralizadamente los horrores de la vida humana. ¿No es hora entonces de volver a crearnos otro destino?

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