El compadre, de Carlos Droguett

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El compadre, de Carlos Droguett

Ramón Neira, obrero carpintero, pobre, solitario, borracho, tiene violentos deseos de beber, tiene miedo de caer del andamio, tiene ganas de subir al andamio.

Subido al andamio, el ruido del martillo, lo hace él, lo elabora él, es bien suyo, es la música que crea el obrero carpintero. Subido al andamio, era feliz. Subido al andamio podía hablar con el mismísimo San Pedro. En las alturas, hablar de igual a igual, porque los dos son obreros, uno carpintero el otro pescador, porque Ramón es un buen obrero sindicalizado que no se calla la boca, y porque los dos están allá arriba. De igual a igual, le puede espetar a San Pedro que Dios padre tiene deseos corrompidos y Jesús su hijo vino a corregirlos, que Jesús murió en la cruz para nada, porque murió de un sufrimiento general y menos verdadero, no por un amor o un odio específico.

Subido al andamio, puede caer, y Yolanda cuidar de él, y tener juntos un hijo, Pedrito, como Pedro Aguirre Cerda. Subido al andamio, cuando Yolanda lo abandone, puede desear violentamente a Hortensia, la compañera de Rosario Sanchez, que trabaja con Ramón junto con el Astudillo. Puede mirarla desde arriba.

El andamio es como la vida, hay que agarrarse firme a las tablas. El mundo es un andamio, “te subes en él y te metes la ciudad en un puño, a las mujeres en una mirada … todo el viento y todo el sol en tus manos y en tu cara”. Desde allá arriba distingue a los enemigos (la policía, el doctor pije fino, el León de Tarapacá Arturo Alessandri) de los amigos (su mamá, Pedro Aguirre Cerda, los pobres) y sus amores (Yolanda, Hortensia). Desde arriba del andamio todo se aclara y se confunde: su viejo- el viejo Pedro Aguirre Cerda- Pedrito su hijo, los doctores que ayudaron a matar al viejito negro- el doctor pije fino que lo atendió con desprecio a Ramón al caer del andamio, Jesús- María Magdalena-Ramón-Yolanda. Pero Jesús no amó y sufrió a nadie específico. Ramón, en vez, odiaba la pobreza de puertas cerradas, sufría la soledad, amaba a Yolanda, deseaba a Hortensia, y tuvo un hijo con Yolanda, Pedrito y para su bautismo eligió, tan sólo estaba, como padrino a un santo de la Iglesia, San Judas, su compadre, a cambio de abandonar el vino. El vino de Jesús para redimir los pecados de los otros, el vino de Ramón que es amigo, que aclara para ver más lejos, que es compañía, que ahoga las penas de perder a Yolanda y perder a Hortensia, el vino que le permite imaginar una ciudad de andamios.

Una ciudad de andamios, que le permite al pobre buen obrero hablar de igual con los santos. ¿Podremos volver a construir una ciudad de andamios?

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