El retorno de los Tigres de la Malasia, de Paco Ignacio Taibo II

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El retorno de los Tigres de la Malasia, de Paco Ignacio Taibo II

Reaparecieron. No era para menos. Toda la Península malaya hervía, el Indico estaba efervescente. Algunos demonios sembraban el terror, y envolvieron a Sandokán y Yañez con astuta malicia. Un poder inimaginable estaba en acción, y azotaba esos pueblos babélicos de malayos, dayacos, javaneses, chinos, filipinos. El odio de Sandokán contra lo europeo colonialista refulgía. En su velero La Mentirosa recorrían los mares, puertos y ciudades asediados por aquel poder (¿pero qué quería, qué lo motivaba, qué tenían que ver los dos viejos Tigres de la Malasia?): sus bienes, el Banco Buría fue investigado por las autoridades españolas y la Gobernación de Filipinas, sus almacenes en Singapur sufrieron una explosión, el Banco asegurador se negó a pagar los seguros, las cuentas bancarias en Hong Kong fueron bloqueadas por los ingleses, sufrieron emboscadas en cada ciudad que pisaban, atacados en La Roca, secuestrado Kammamuri, intentos de envenenamiento, pistas falsas, burladas todas su medidas de seguridad, intentos de asesinato en Borneo, en Filipinas, mataron a Tremal Naik, atacados por mar con prahos venidas de ningún lado.

Hasta ahora, sus batallas eran por venganza, para reparar injusticias, contra el Imperio, por orgullo, rapiña y codicia, por supervivencia, por aburrimiento. ¿Pero ahora?

Ese poder difuso arrasaba poblados y esclavizaba a sus poblaciones (¿pero qué quería, qué lo motivaba, qué tenían que ver los dos viejos Tigres de la Malasia?).

Carteándose con Federico Engels, siendo entrevistados por Rudyard Kipling, enfrentando al dr. Moriarty (el mismo que debió enfrentar Sherlock Holmes), uniendo a sus piratas a un conseguidor de historias y a una revolucionaria escapada de la masacre tras la derrota de la Comuna de Paris, aliándose con las Sociedades Secretas chinas, los Tigres de la Malasia iban venciendo a sus enemigos, triunfando en batallas imposibles.

Estas batallas imposibles que hoy parecieran haber desaparecido –incluyendo, y muy en especial, la de reconstruir la idea de Mompracem, esa isla de los hombres libres en un océano de amos y de esclavos. Y aquí, de nuevo con Sandokán y Yañez, hablamos de aventuras, no hay metáforas. ¿No queda algo más que la memoria infantil de sus aventuras? ¿no hay batallas imposibles en las que debemos aventurarnos?

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