La despedida, de Milan Kundera

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La despedida, de Milan Kundera

Es una extraña ciudad casi de puras mujeres con su balneario para la cura de enfermedades, en especial de la infertilidad.  Por eso Ruzena, la joven enfermera la odia: ¿cuáles pueden ser sus posibilidades rodeada de miles de mujeres? Aunque su vida está marcada por los hombres: el guapo y famoso trompetista Klima que la deja embarazada y la ilusiona con otra vida y luego le pide abortar con artimañas, y que es celado por su bellísima mujer Kamila; el joven electricista Frantisek que está locamente enamorado de ella, que la desilusiona con su vida aburrida, trivial, fracasada; el religioso (de Jesús, no de los moralistas y fanáticos Pedro y Pablo) millonario estadounidense Bertlef que amaba la humanidad; el excéntrico dr. Skreta para los tratamientos de fertilidad, y a la vez encargado de la Comisión que autoriza los abortos; su amigo Jakub que está allí para despedirse: consiguió el permiso de emigración, y quiere devolverle la tableta azul de veneno que en una ocasión le suministró, después de haber pasado por la cárcel, y que se mezclaría con las tabletas azul claro para tranquilizar los nervios de Ruzena.

Es una extraña ciudad de perros, cazados por odio; en un país de cazadores y cazados por puro fanatismo, alternando sus papeles de vez en vez, unos con otros.

Es una extraña ciudad atravesada por pequeños proyectos alocados como el del dr. Skreta que sueña con un mundo de hermanos y por eso insemina su semen sin conocimiento de las mujeres a las que trata; por la lástima que Jakub sentía por Olga, la niña que quedó desamparada después que su padre el ex verdugo y amigo del propio Jakub terminara siendo ejecutado por lo mismo que antes ejecutaba, y la tomó bajo su protección enviándola a aquel balneario; por el amor desprendido y místico de Bertlef; por el rechazo a esa humanidad de Jakub; por los odios de Ruzena; la cobardía de Klima, los celos incontenibles de Kamila; por su belleza que cautiva fulminantemente a Jakub haciéndole ver, y ya era tarde, que lo único que importa es la belleza, habiendo perdido su oportunidad entreverado en la política, esa de cazadores y cazados, sin haber vivido su vida hasta el fondo de sus posibilidades.

¿Es realmente tan así? ¿Esa fulminante belleza que le descubrió de un golpe su vida pasada, podía ocluir ese presente de celadores y celados, odiados y odiadotes, engañadas y engañador, envenenados y envenenadores? Jakub finalmente abandona la ciudad, parte a la emigración. Aunque sabe que el país que lo reciba no será el suyo. Tenemos sí nuestros huecos, cada uno sus deslumbrantes Kamilas; pero también el horizonte de una política sin cazadores ni cazados, en otra ciudad, no aquel extraño balneario, una ciudad nueva por construir.

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