La gesta del marrano, de Marcos Aguinis

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La gesta del marrano, de Marcos Aguinis

“Eramos marranos, es decir, carne de verdugos”. Francisco Maldonado Silva vivió en Tucumán, debió huir con toda su familia cuando su padre, el reconocido médico don Diego Silva Maldonado, fue descubierto como cristiano nuevo, marrano, venido de Brasil, antes de Portugal, originario de España. Y como su padre siempre escapando, de Tucumán a Córdoba, a Lima, a Chile. Siempre ocultos en la obligada simulación de un cristianismo en el que no creían, siempre huyendo de la Santa Inquisición. Su padre, liberado tras pasar por la Cámara de Tortura del Tribunal del Santo Oficio, vencido, “reconciliado”, le había aconsejado primero que no pasara por lo mismo que pasó él, para terminar educándolo en la fe judía.

Siguió su consejo intentando evitar pasar por lo mismo que él, hasta que, instalado y respetado en Chile, dio un vuelco. “Seguía los pasos de mi padre, pero estaba determinado a no ser derrotado como él”. Tiene un último momento de temor y dudas, pero concluye que se trata de “un castigo por no atreverme a ser soldado de mis convicciones”. Proclama su fe judía, desafía al terrible poder de la Inquisición. “Sabe que ultrajarán su cuerpo, pero su propósito es triunfar con el alma”. En la mazmorra, bajo tortura y humillaciones, se dispone a enfrentarlos: “ustedes envenenan la fe”, espeta a los inquisidores. Para estos, “para que haya orden y reinen Cristo y la Iglesia, más importante que la justicia es la victoria, más importante que la verdad es el poder”.

Resiste, enfrenta. “¿No es signo de locura que un hombre aislado y desvalido pretenda resistir al formidable aparato del Santo Oficio?”. No le importará. Pide controversias, convocan a los más grandes eruditos de la cristiandad en las Indias. En vez de retractarse y pedir la “reconciliación”, afirma su fe judía, la defiende. Indigna a la Inquisición, que quiere la humillación, el perdón y que proclame la fe cristiana. Escribe en su mazmorra con agua mezclada con carbón y papel de la harina (que con agua mezclada era el alimento que le daban). Realiza ayunos. Logra escapar de su mazmorra pero no para huir: se transforma en Eli Nazareo y recorre las otras mazmorras llamando a resistir, “no se debe cancelar la esperanza aunque imperen la injusticia y el tormento”. Reclama la libertad de conciencia, le responden que es un locura, “¿libertad de conciencia frente a la imponencia de la verdad?”. No cede. Un masivo y conmocionante Auto de Fe lo quemará vivo. Siguió el camino de su padre, sin ser derrotado.

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