Retrato de Shunkin, de Junichiro Tanizaki

retrato de shunkin, j. tanizaki

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Retrato de Shunkin, de Junichiro Tanizaki

Shunkin, hija de una aristocrática familia, padece una desgracia tras otra: prometedora bailarina, sufre a los 8 años de ceguera; se dedica a la música, tocando el koto y el samisén; eximia música, reconocida por su virtuosismo, pero también por su belleza, sufre un ataque que le desfigura la cara, recluyéndose y abandonando las exigentes y duras clases que impartía.

Desde niño, un sirviente, Sasuke le es asignado para acompañarla como lazarillo, para entretenerla: así, menor que él, le enseñará la música. Lo trata con inusitada dureza. ¿Por resentimiento debido a sus desgracias, por su posición social superior que desprecia a aquel fiel y sumiso sirviente? Una y la otra. Aún así, llega el amor, oculto, algunos hijos, rechazados. Y una historia que durará todas sus vidas.

En un momento, el amor llega a su apogeo: “seguramente no podemos imaginar hasta dónde llegaba el placer que los dos amantes invidentes encontraban en el mundo que les revelaba el tacto”.

Pero ella lo atormentaba. ¿Cómo era posible, entonces?

¿Será la sumisión humillante de Sasuke? Tras la deformación de su cara, le exigió que no la viera y la siguiera asistiendo. Sasuke se quitó la vista, pinchándose los ojos. Cuando le contó, ella le respondió solamente: “¿de verdad Sasuke?”, y se alegró.

¿Será la total dependencia de ella con Sasuke, que nada hacía sin su asistencia?

“Parece ser que cuando el sacerdote Gazan del Templo de Tenryu oyó contar la historia de la autoinmolación de Sasuke elogió el espíritu zen con que había mudado su vida entera en un instante, convirtiendo lo feo en hermoso, y dijo que era casi la acción de un santo. Yo me pregunto cuántos de nosotros estarían de acuerdo con él”. No, no, imposible, más bien, una anti- dialéctica del amor entre la ama y el esclavo. Invertirla, hacerla una  dialéctica que encuentra en las contradicciones el motor de su propia superación es el único camino para salir del péndulo entre la monstruosa Caribdis de las amantes caricias invidentes, y el monstruoso Escila de la humillación y la autoinmolación.

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