El pozo, de Juan Carlos Onetti

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El pozo, de Juan Carlos Onetti

 

“Un hombre debe escribir la historia de su vida al llegar a los cuarenta años, sobre todo si le sucedieron cosas interesantes”.

Pero más que la redonda cifra, el motor es “una sensación de curiosidad por la viva y un poco de admiración por su habilidad para desconcertar siempre”.

¿Pero cuál es la historia de nuestra vida? ¿Los hechos de la niñez? Eladio Linacero lo descarta. ¿Los “años después”, como los de la Universidad? ¿Hechos marcantes, como “el ruso que apareció muerto en el arroyo”?

Se propone un imposible: “Me gustaría escribir la historia de un alma, de ella sola, sin los sucesos en que tuvo que mezclarse, queriendo o no. O los sueños”.

Pero no es un soñador, sino que “he vivido como cualquiera”. Difícil contar la historia de cualquiera. Se decide por “ir contando un suceso y un sueño”. ¿Lo logrará, o se confunden unos con otros?

Entre los sueños: el sueño de la cabaña de troncos (en el que viola a Ana María y ella después le escupe). El sueño de una cabaña en un lugar con nieve (y Ana María acostada en la cabaña con su cuerpo estremeciéndose).

Entre los sucesos: La muerte de Ana María, a los 18 años, y que se le aparece desnuda por las noches. La relación con Hanka. Su intención de acostarse con Ester sin pagarle, en un bodegón oscuro, desagradable. Su separación de Cecilia.

No hay mucho más. Contando su historia, descubre que “esto, lo que siento, es la verdadera aventura”. Por eso, aunque “parece idiota contar lo que menos interés tiene”, no lo es. Es que estamos entre “la absurda costumbre de dar más importancia a las personas que a los sentimientos. No encuentro otra palabra. Quiero decir: más importancia a los instrumentos que a la música”. Cree comprobar entonces que “los hechos son siempre vacíos, son recipientes que tomarán la forma del sentimiento que los lleve”.

Pero… se entremezclan sucesos y ensueños: en un motel con Ester, él imaginando que están en Holanda, ella lo desprecia.

Peor, los sucesos… se imponen amargamente: “Cada día la vida me resultaba más difícil. No había conseguido todavía el trabajo en el diario y me había abandonado, dejándome llevar, saliera lo que saliera. ¿Por qué los sucesos no vienen al que los espera y los está llamando con todo su corazón desde una esquina solitaria? Hasta las imaginaciones por las noches me resultaban amargas”.

Entonces, ¿de qué materia está hecha la vida? Averiguarlo (¿se puede?) es importante, para no sentir que “hubo un mensaje que lanzara mi juventud a la vida; estaba hecho con palabras de desafío y confianza. Se lo debe haber tragado el agua como a las botellas que tiran los náufragos”.

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