Una historia del mundo en diez capítulos y medio, de Julian Barnes

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Una historia del mundo en diez capítulos y medio, de Julian Barnes

 

“Miro la historia del mundo, que está llegando a su fin”. Para eso, el principio, y el final. Dos mitos.

El mito de origen: el arca de Noé. Muy distinta a como la conocemos, fue dirigida por un capitán cruel y borracho, sobre la base de una selección entre puros e impuros. Aunque, como bien dijo Amanda, ferviente creyente, a propósito del incrédulo de su padre: hay “dos explicaciones para todo, ambas exigían el ejercicio de la fe”; y aunque haya dos, estaba decidida a salvar el alma de su padre organizando una expedición al monte Ararat, donde todo comenzó.

Y ese mito que nos llega, ¿es lo que realmente pasó? El pintor Gericault hizo el cuadro del hundimiento del Medusa en la expedición francesa a Senegal a principios de 1800, pero en su pintura no estaba el horror del hambre, el motín, la matanza, el canibalismo; ni siquiera la esperanza al avizorar la nave que rescató a los sobrevivientes; porque “la pintura que sobrevive es aquella que perdura más que su propia historia”. Igualmente, podemos concluir que “todos estamos perdidos en el mar, zarandeados entre la esperanza y la desesperación”.

Tal vez no importe. Como a Kath, que desde niña no dejó de creer que los renos realmente volaban, como los de Santa Claus, porque “si pudieras creer que los renos vuelan, entonces comprenderás que cualquier cosa es posible”; para, de adulta, terminar internada en un psiquiátrico al ver que el mundo podía llegar a su fin entre la aniquilación de las especies por el ser humano y el peligro atómico, comprobando por la fuerza que (le diagnosticaron) se trataba de una fabulación: “conservas unos cuantos hechos verdaderos e hilas una historia nueva en torno a ellos”.

Hagamos otra prueba. Podemos intentar por la ficción corregir nuestra historia, como el sobreviviente del Titanic, Lawrence Beesley, que quiso actuar en una película sobre el famoso barco representando otro papel distinto de lo que él vivió. Pero, ¿”pueden los ecos demostrar la verdad de aquello de lo que son eco”?

Meras cuestiones de fe; representaciones desancladas de la realidad; zarandeados como naves a la deriva; fabulaciones. ¿De qué trata la historia de nuestro mundo?

“La cuestión es esta: no que el mito nos remite a algún suceso original… sino que nos remite al futuro, a algo que sucederá, que tiene que suceder”.

El mito del final. Pero aquello, lo que tiene que suceder, encadenados como estamos al deseo, despojados como estamos de lo que meremos, ¿a dónde nos conduce? La perfección del infinito consumo, riqueza, sexo, fama. “Ah, los viejos tiempos… los sueños sobre el Cielo solían ser mucho más ambiciosos”.

¿Cuáles son las ambiciones que hoy nos conducen, a qué Cielo aspiramos?, ¿qué sobrevive después de nuestra muerte?

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