El lector de Julio Verne, de Almudena Grandes

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El lector de Julio Verne, de Almudena Grandes

 

 

“En Madrid habría gente que creería que en 1939 se había acabado la guerra, pero en mi pueblo todo era distinto”.

Los guerrilleros en la sierra, seguían combatiendo al franquismo. Y Nino, con solo 10 años, era hijo de un Guardia Civil, y quería ser como su padre. “No sabía que su futuro no dependía de él”.

Le comenzaron a prestar novelas, y Nino leía “para soportar la calamitosa aventura de vivir en la casa- cuartel de Fuensanta de Marcos en 1948”. Era algo más que soportar.

Las novelas de Julio Verne que le prestaba doña Elena “también eran el pretexto que me consentía empezar a preguntar sobre lo que no sabía, historia, geografía, física, los sextantes, los globos aerostáticos, los submarinos, las rutas de navegación, las proezas de los descubridores, las rutinas de los laboratorios, el origen asombroso, frenético y cambiante de todos aquellos científicos locos y cuerdos a la vez que acertaban al equivocarse, al cometer largas cadenas de errores que les iban aproximando poco a poco, por caminos insospechados, a los grandes hallazgos de sus vidas”.

Largas cadenas de errores que nos acompañan a todos en nuestras vidas. Grandes hallazgos a los que todos llegamos, o estamos obligados a llegar.

Obligados a llegar porque a la Guardia Civil local la refuerzan con enviados de Madrid, los guerrilleros siguen actuando aunque sufren bajas, y tiene incluso infiltrados en las fuerzas estatales, el famoso guerrillero Cencerro sigue firmando sus acciones aunque lo habían matado; algo pasaba en el pueblo.

Pepe el Portugués, colega de su padre, ya con sus novelas –sus lecturas, sus preguntas, hallazgos, sus experiencias así entremezcladas- encima, le habla a Nino: “qué clase de persona quieres ser … Hay personas que creen que en España las cosas son como deben ser … Otras personas, muchas más, no lo creen, pero no se atreven a decirlo … Y hay algunas personas, pocas, que piensan por su cuenta, y dicen lo que piensan, y actúan de acuerdo con sus ideas, y no porque no conozcan el riesgo que corren, sino porque creen que correr ese riesgo merece la pena. ¿Y tú?”.

¿Y tú? Las bifurcaciones de caminos, aparecen casi a cada paso. Y el soplo de vida de los libros, está allí afuera.

 

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