El abanico de seda, de Lisa See

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El abanico de seda, de Lisa See

 

En la China del 1800 la mujer era un ser inútil, solo servía para tener hijos -varones- y obedecer. La delicadeza del pie diminuto, que debían vendar quebrando sus huesos desde niñas para alcanzar el tamaño deseado, de solo siete centímetros para Lirio Blanco, más que prueba de belleza y erotismo, era de obediencia al padre, al marido, a los hijos varones al quedar viuda.

Pero frente al wei, el reino exterior de los hombres, estaba el reino interior de las mujeres. No solo estaban aprisionadas en las habitaciones de arriba, las de las mujeres, desde las cuales observaban el mundo exterior, también era su mundo propio. Tenían su nu shu, su lenguaje secreto de las mujeres, comunicado en los abanicos que intercambiaban. Y sus laotong, sus almas gemelas. La de Lirio Blanco, de familia campesina, era Flor de Nieve, de familia próspera. Con ella, la dominó un profundo anhelo, “que mi laotong me quisiera como yo ansiaba que me quisieran”.

¿Cómo era esa ansia? Flor de Nieve y su familia se arruinaban y con vergüenza lo ocultaba, Lirio Blanco ascendía y se transformaba en una mujer poderosa casándose con el primogénito de la próspera familia Lu, sin ver más allá de si misma. El silencio de Flor de Nieve sobre su ruina, Lirio Blanco lo consideró una mentira que no podía tolerar. Se agravó con el inconveniente matrimonio de un esposo que le pegaba y una suegra que la maltrataba, y que Flor de Nieve también guardaba para sí. “Ya no era la niña pequeña cuyos sentimientos desagradables se llevaba el agua del río”.

Pero la amaba, y le exigía que fuera feliz, como podía serlo ella.

Le exigía algo que sobrepasaba a Flor de Nieve. Un día le dijo “no puedo ser lo que tú deseas”. Lirio Blanco lo interpretó como la ruptura del contrato de almas gemelas que las unía. Sintiéndose humillada y enfurecida, la humilló, con todo su poder de mujer poderosa.

“Durante cuarenta años el pasado solo ha suscitado arrepentimiento en mí… Os ruego que me perdonéis”.

No sólo pidió perdón en el final de su vida.

“Todavía sigo aprendiendo acerca del amor. Pensaba que entendía no sólo el amor maternal, sino también el amor filial, el amor entre esposo y esposa, y el amor entre dos laotong. He experimentado las otras clases de amor: la compasión, el respeto y la gratitud. Sin embargo, cuando miro el abanico secreto donde estaban recogidos los mensajes que Flor de Nieve y yo nos escribimos durante años, comprendo que no valoraba el amor más importante: el que surge de lo más profundo del corazón”.

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