El hombre que amaba a los perros, de Leonardo Padura

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El hombre que amaba a los perros, de Leonardo Padura

 

A través de la vida de Ramón Mercader y de León Trotsky, deshilvana su tesis: “la perversión de la gran utopía del s. XX”.

Odio, rencor, impiedad, cinismo. Terror. Características de un hombre, Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, forjado por su jefe Grigoriev bajo órdenes directas de Stalin, y así, resultado de un sistema entero. Al que le opondrá a quien conocerá esta historia de boca del propio Mercader en Cuba años más tarde, Iván, el novelista cubano, la bondad, el individuo.

¿Por qué no le opone en esta historia de Mercader y Trotsky, a Trotsky?

Porque no es la historia de esa lucha que encarnaban. Es la historia de una tragedia, de una pasión, y contada, paradójicamente, desde el lado de “los vencedores”.

Y así, partiendo de la denuncia del horror, concluye entonces sintiendo compasión por aquella máquina de matar que forjó la GPU. Y se pregunta por qué.

Trotsky no solo murió a manos de Mercader, vivió “día y noche enfrentado a la suma de los poderes del mundo: al fascismo, al capitalismo, al estalinismo, al reformismo, a los imperialismos, a todas las religiones y hasta al racionalismo y al pragmatismo”.

Asoma también como un resultado, de un combate. Entre un hombre que encarnó el Terror  como pieza menor asesinamente, armado de una picota, y un hombre que la padeció y la enfrentó. El hombre que amaba a los perros.

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