Espartaco, de Arthur Koestler

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Espartaco, de Arthur Koestler

 

Roma estaba sacudida por rebeliones, levantamientos, revoluciones, dictaduras, divisiones, carcomida por la degradación moral de sus clases dirigentes. Unos esclavos escapan. Con dos líderes, de los celtas Crixus, de los tracios Espartaco. Se afincan en Campania. Desde Roma mandan una partida para escarmentarlos, mandada por el pretor Clodio Glaber.

El viejo Enomao le pregunta, “¿tanto los odias?”. El pretor respondió con profundidad: “A veces, pero ellos nos odian siempre. Esa es nuestra desventaja”.

Espartaco también dialogando se instruía. Un esenio le cuenta la historia de otra rebelión, de esclavos afincados en Sicilia que pretendían “crear un Estado del Sol, una nación donde reinara la justicia y la buena voluntad”. Fueron vencidos por las legiones romanas, pero después castigados por los suyos, “pues los consideraban culpables de sus muertes. -¿Culpables?, ¿por qué iban a ser culpables? –Por dejarse vencer”.

Espartaco venció a Clodio Glaber. En Campania ya sumaban cinco mil hombres y mujeres. “muchos se preguntaban qué tenía de especial”. Cada uno daba sus razones. Todos concluían que “el hombre de la piel, aquel que no tenía nada de especial, quería exactamente lo mismo que él, de que Espartaco no era más que el común denominador de todas las esperanzas y deseos contradictorios. Tal vez fuera aquello lo que tenía de especial”.

Proclamó la “Ciudad de los Esclavos”. Formó un ejército de esclavos para enfrentar las legiones romanas. Enviaban emisarios para ganar adhesiones. “El mejor emisario, amigo mío, es la finidad de todos los estómagos hambrientos”, se decían a la vez. Vencen batallas. Ya son quince mil.

Crixus decide enfilar contra la misma Roma. Espartaco volverse al sur a establecer el Estado del Sol. Irrumpe, “la ley de los desvíos. Nadie puede actuar al margen de ella. Todo aquel que tiene un objetivo se ve forzado a tomar senderos funestos”. Cunde la confusión, dicen: “Muchos hombres han transitado el camino de la tiranía. Al principio lo han hecho con el único propósito de servir a ideales sublimes, pero al final ha sido el propio camino el que les ha marcado el rumbo. Recordad la dictadura de Mario, el amigo del pueblo”. Todo parecía finalmente encaminado a un callejón sin salida; ¿se trata de una ley?

Se esparcen y comprueban terribles verdades: “la único verdad de la historia: aquello que uno mismo debe soportar”.

Se pone en pie la Ciudad del Sol con setenta mil hombres y mujeres. Las insignias de Espartaco “no son águilas de plata, sino cadenas rotas”. Suben a cien mil. Pero acuerdan ser una parte independiente del propio Imperio romano. Y negocian con su poder. Y llega el hambre. Y el descontento. Y se reavivan las divisiones entre Crixus y Espartaco. Y todos se hundirán bajo el peso de nuevos tiranos. Y seguirán a lo largo de las centurias una “furiosa carrera de relevos”.

Pero, ¿cuánto uno mismo está dispuesto a soportar?

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