Bonsái, de Alejandro Zambra

bonsai alejandro zambra

A partir de

 

Bonsái, de Alejandro Zambra

 

“Al final Emilia muere y Julio no muere. El resto es literatura”.

Antes de follar, Emilia quería follar como los españoles, no hacer el amor o culiar como en Chile, leían libros, todo tipo de libros. Uno que primero les gustó y después no, Macedonio Fernández y su Tantalia, “la historia de una pareja que decide comprar una plantita para conservarla como símbolo del amor que los une”.

Emilia se va a Madrid. En Santiago, el novelista Gazmuri se reúne con Julio para que le transcriba su novela escrita a mano, “Bonsái”, la historia de un joven que se entera por radio de la muerte de su polola de la juventud cuando juntos hacían un bonsái como símbolo de su amor, y después “se va todo a la mierda”, pero como homenaje decide hacer un nuevo bonsái.

Gazmuri consigue una transcriptora más barata. Julio decide escribirla él, y en unos cuadernos, a mano, inicia la novela. La concluye. Después, “se avergüenza de ‘Bonsái”, su novela improvisada, su novela innecesaria”. Y hace dos dibujos. Uno de un bonsái.

Emilia muere en Madrid, arrojándose a  las vías del Metro. Julio hace un bonsái, exactamente igual al de su dibujo.

¿Solo el resto es literatura? Parece posible vivir lo que lees. Que otro lo escriba. Escribirlo uno. Y volver a vivirlo. Tal vez, para que otro lo lea, uno más crea imaginarlo, y uno intente vivirlo.

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