La dama del perrito, de Anton Chejov

Maquetación 1

A partir de

 

La dama del perrito, de Anton Chejov

 

Dmitri Dmitrich Guron “estaba avergonzado de su esposa y no le gustaba quedarse en casa”. Estaba pasando una temporada solo en Yalta junto al mar. “En su aspecto exterior, su carácter y toda su naturaleza, había algo de atractivo que seducía a las mujeres predisponiéndolas en su favor; él sabía esto”.

Ana Sergeyevna, la dama del perrito llegó a Yalta, conversaron, se enamoraron. También ella dejó un marido en su hogar.

Pensaba Dmitri Dmitrich en las mujeres que había conocido, “¡cuán distintas personas conoce uno en este mundo”. Estaban “las mujeres ligeras… que le amaban alegremente”. Estaban las mujeres “como la suya, que amaban con frases superfluas, afectadas”. Estaban las mujeres “frías, en cuyos rostros sorprendió más de una vez destellos de rapacidad”. Estaban quienes, como Ana Segeyevna, “sólo había la timidez de la juventud inexperta”.

Creía Gurón conocer a las mujeres. “-Parece que necesita ser usted perdonada”, le dijo viéndola apesadumbrada por la aventura que vivían. “¿Perdonada? No… He vivido atormentada por un sentimiento de curiosidad; necesitaba algo mejor. Debe de haber otra clase de vida”. Aunque sí se sentía pecadora.

Volvieron a sus ciudades. Guron pensó que “la imagen de Ana Sergeyevna había de cubrirse de una bruma en su memoria y visitarle en sueños de cuando en cuando, con una sonrisa, como hacían otras”. Pero no logró volver a su vida normal. Fue hasta su ciudad, la buscó, le habló, y no pudieron separarse más, aunque debieran verse en secreto. Tenían dos vidas, “y a través de circunstancias extrañas, quizá accidentales, resultaba que cuanto había en él de verdadero valor, de sinceridad, todo lo que formaba el fondo de su corazón estaba oculto a los ojos de los demás; en cambio, cuanto había en él de falso, el estuche en que solía esconderse para ocultar la verdad –como por ejemplo su trabajo en el Banco, sus discusiones en el club, aquello de la raza inferior, su asistencia acompañado de su mujer a aniversarios y fiestas-, todo eso lo hacía delante de todo el mundo”.

Interiormente divididos en ocasiones, pero, apartando toda presunción, ¿qué resortes empujan nuestras vidas?: “debe haber otra clase de vida”.

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