La vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca

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La vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca

 

“¡Ay mísero de mí! ¡Ay infelice!”, se lamenta Segismundo encerrado en la torre y custodiado por Clotaldo desde su mismo nacimiento. Esa torre tenebrosa, cuya “puerta (mejor dicho funesta boca) abierta está, y desde su centro nace la noche, pues la engendra dentro”.

Ese terrible encierro, ¿fue por su estrella, su destino? “Si sabes que tus desdichas, Segismundo, son tan grandes, que antes de nacer moriste, por ley del cielo”, que con sus astros predijo a su padre el rey Basilio de Polonia, que sería su sucesor cruel tirano.

Ese terrible encierro, ¿fue por acción del hombre? Que siguiendo Basilio las predicciones, decidió encerrarlo por siempre para proteger a Polonia de su segura tiranía; y que no recaigan sobre él, las faltas de su hijo. “Pues dando crédito yo a los hados, que divinos me pronosticaban daños en fatales vaticinios, determiné de encerrar la fiera que había nacido”.

Aunque, el sino de las estrellas, la acción del hombre, ¿pueden ser burlados? Quiso el rey “el ver cuánto yerro ha sido dar crédito fácilmente a los sucesos previstos; pues aunque su inclinación le dicte sus principios, quizá no le vencerán, porque el hado más esquivo, la inclinación más violenta, el planeta más impío, sólo el albedrío inclinan, no fuerzan el albedrío”.

¿Y cómo burlarlos? ¿Será que “vencerás las estrellas”, Segismundo? El rey imaginó una ingeniosa artimaña. Durmió con opio a su hijo y lo trasladó a su corte. Si al despertar actuaba justamente, rey lo dejaría; si tiranamente, en la torre lo encerraría. Y al llevarlo dormido, para evitar mayor sufrimiento, dejar que un sueño creyera que era lo que había vivido. Fácilmente lo creería, “porque en el mundo, Clotaldo, todos los que viven sueñan”.

Fue tirano. Y así, nuevamente encerrado.

¿Pero qué es lo que todos soñamos? Apenas lo que ya somos, concluye Segismundo al despertar encerrado: “reprimamos esta fiera condición, esta furia, esta ambición, por si alguna vez soñamos; y sí haremos, pues estamos en mundo tan singular, que el vivir solo es soñar; y la experiencia me enseña que el hombre que vive, sueña lo que es, hasta despertar. Sueña el rey que es rey … Sueña el rico en su riqueza … Sueña el pobre que padece su miseria y su pobreza … en el mundo en conclusión, todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende”.

Soñar apenas lo que ya se es; desazón. “¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños sueño son”.

¿O no? Una rebelión popular lo libera de la torre, y enfrentando en batalla a su padre, lo vence; y vencido, puede concluir “que son diligencias vanas del hombre cuantas dispone contra mayor fuerza y causa”: su sucesor era su hijo y no otro. Segismundo va más lejos: “has errado en el modo de vencerla”, a su estrella. Y lo alecciona: “la fortuna no se vence con injusticia y venganza porque antes se incita más; y así, quien vencer aguarda a su fortuna, ha de ser con cordura y con templanza”.

Entonces, ¿qué es lo que había que vencer? ¿Qué tenemos que vencer todos, cada día, nuestra estrella, o la acción del hombre? ¿Acaso a nosotros mismos; soñando otra cosa de lo que somos, aunque sea por unas horas bajo las estrellas?

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