Gargantúa y Pantagruel, de Francois Rabelais

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Gargantúa y Pantagruel, de Francois Rabelais

 

Estos escritos de “Monsieur Alcofribas extractor de quintaesencias” son un “alegre pasatiempo”. Porque “mejor es de risa que de llanto escribir, pues lo propio del hombre es reír”. Pero atención que como en las silenas, las cajitas con pinturas frívolas por fuera y que por dentro guardaban joyas y otras cosas de valor, “no conviene juzgar con tal ligereza las obras de los humanos”.

Estos, dos gigantes, descendientes de gigantes, Grandgousier engendró a Gargantúa que engendró a Pantagruel. Gargantúa estuvo once meses en el vientre de su madre, “pantagruelistas antiguos y prestigiosos han confirmado lo que digo”, diciendo que  es “posible y también legítimo el hijo nacido de mujer en el onceno mes de la muerte del marido”.

Y en su mundo, que habita en el nuestro, todo es desmesurado. Asados hechos con 367.014 bueyes; su peine con las púas hechas de colmillos enteros de elefantes; una cena con 16 bueyes, 3 terneras, 32 becerros, 63 cabritos, 95 carneros, 300 lechones, 220 perdices, 6.000 pollos, 1.400 liebres, y más, solo para tres; recogían lechigas del tamaño de un nogal; tomó las campanas de las torres de Notre Dame como castañuelas para su yegua; la abadía que construirán con 9.332 habitaciones.

Hay guerras. Intentan evitarlas, si no pueden entran con fuerza y astucia, vencen. Y al vencer, todo lo refundan. Hay utopía. La Abadía de Theleme, con sus thelemitas, en la que no pueden entrar: hipócritas, necios, farsantes, santurrones, engreídos, camorristas, falsos amantes del pueblo, usureros, avaros, ladinos, y sí son bienvenidos, “gentiles compañeros, serenos y sutiles”. Y allí, “toda la vida se regía no por leyes, estatutos o reglas, sino según su querer y libre arbitrio”. Era su regla “haz lo que quieras”, porque “la gente libre … tiene por naturaleza un instinto y un acicate que les impulsa siempre a seguir acciones virtuosas”, mientras que “cuando, por obligación y vil sujeción, están saciados y deprimidos, pierden esa noble afección con la que tendían libremente a la virtud”.

Hay goce. “Yo no bebo sin sed, ya que si no la tengo al presente la tendré al futuro; de este modo la prevengo”.

Hay sabiduría, la de la experiencia. Cuando se encuentran al sabio pícaro Panurgo, en un camino, pobre y hambriento, le preguntan curioso a dónde va, quién es; y les contesta: en alemán, italiano, escoces, hebrero, latín, danés, holandés, español. Es que, “me veis miserable, morir de hambre, y sin embargo me pedís cosas fuera de lugar … Los discursos no son necesarios más que en donde los hechos sobre los cuales discutimos no se muestran claramente”.

Pero lo que hay sobre todo es la posibilidad de andar “pantagruelizando, es decir, bebiendo a mi salud”, para poder “ser buenos pantagruelistas, es decir, vivir en paz, con alegría y salud, dándoos siempre buena vida”.

Pero solo entra allí “la gente libre”, ¿y cuántas cadenas nos cargan y nos agregamos?

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