Diálogos. El crítico artista, de Oscar Wilde

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Diálogos. El crítico artista, de Oscar Wilde

 

(No es novela ni cuento, a quienes aquí acogemos. Pero escrita por un novelista, no es solo crítica o análisis. Es un diálogo entre escritores. Y creación de un espacio literario. Por eso también lo acogemos).

 

La vida y el arte. “Detrás de usted, Ernesto, en un estante de esa librería se halla ‘La Divina Comedia’. Sé que si abro ese volumen por cierto lugar odiaré ferozmente a alguien que no me ha ofendido jamás o amaré con adoración a alguien que no veré jamás. No existe ningún estado de ánimo, ninguna pasión que el Arte no pueda expresarnos”.

Es que, “¿no existen libros que pueden hacernos vivir en una hora más que la vida en veinte años afrentosos?”. Es más, “nos es dable elegir el momento de nuestra iniciación y asimismo el de nuestra libertad”, al decidir comenzar a leer un libro y decidir después dejarlo a un lado.

En fin, “¡la vida! … está limitada por las circunstancias … nos hace pagar sus mercancías demasiado caras”. En cambio, “el Arte no nos hiere nunca. Las lágrimas que vertemos en el teatro representan típicamente las emociones exquisitas y estériles que el arte tiene por misión despertar. Lloramos, pero no nos sentimos heridos. Nos afligimos, pero no es amarga nuestra pena … nos preserva de los peligros sórdidos de la existencia real … si llora es por la muerte de seres que, como Cordelia y la hija de Brabancio, no pueden morir jamás”.

El arte y la crítica. Ernesto arremete contra los críticos. “¿Por qué los que no pueden crear se encargan de juzgar a los que crean?”. “En los mejores tiempos del arte no había críticos de arte”. “La facultad creadora es superior a la facultad artística”.

Gilberto refuta cada arremetida. Una gran artista, es un gran crítico. “La antítesis entre ellas es absolutamente arbitraria. Sin el espíritu crítico no existe ninguna creación artística digna de ese nombre. Hablaba usted hace un momento de ese fino espíritu de elección y de ese delicado instinto de selección con el cual el artista crea la vida para nosotros y le da una perfección momentánea. Pues bien: ese espíritu de elección, ese tacto sutil de omisión,, no es otra cosa que la facultad crítica bajo uno de sus aspectos más característicos, y quien no posea esa facultad crítica no puede crear nada en arte”. Refuerza: “todas las épocas creadoras fueron también épocas de crítica. Porque es la facultad crítica la que inventa formas nuevas. La creación tiende a repetirse”.

Con sus epigramas nos muestra al crítico artista, al crítico elevado: “la crítica es también un arte”; se trata de “una creación dentro de otra creación”; es “el relato de un alma”, “forma civilizada de autobiografía”, “esencialmente subjetiva”.

Tal vez lo más importante, con relación a la obra, es que “nos revela un secreto que ella ignora”, es decir, “no se limita  a descubrir la intención real del artista y aceptarla como definitiva”. Y si busca una exposición de la obra, “su finalidad no será siempre, sin embargo, la de explicar la obra de arte. Intentará más bien, adensar su misterio”.

Es anti-dogmática: “su belleza imaginativa permite que todas las interpretaciones sean ciertas y que ninguna sea definitiva”.

En definitiva, “el crítico es el que nos muestra una obra de arte bajo una forma distinta de la obra misma”.

¿Cómo lograr todo esto? “Por una curiosa inversión, sólo intensificando su propia personalidad, puede el crítico interpretar la personalidad artística de los demás”. Por lo que su cualidad más importante es su “temperamento” uno “de sensibilidad exquisita”.

Más prácticamente, intentará “separar la obra que tiene distinción de la que no la tiene”; “por contacto y comparación adueñarse de los secretos de estilo y escuela, escuchar sus voces, comprender sus significados y desarrollar ese espíritu de curiosidad desinteresada que es la verdadera raíz y la verdadera flor de la vida mental”. Lo que hace es que “coge el montón entorpecedor de obras creadoras y lo destila en una esencia más delicada”.

Todo lo hará sin “imparcialidad”, puesto que se trata de “entregarnos absolutamente a la obra para obtener su secreto”; aunque las esferas del arte y de la ética son diferentes y no deben tocarse.

Si todo esto lo logra, lo que logra es que “vive con los inmortales”.

Sí, es artificial la antítesis entre arte y crítica; no lo es entre el arte de la mano de la crítica, y la vida; serán “estériles las lágrimas” de aquellas, y por eso preferibles, y ellas y solo ellas nos permiten “vivir con los inmortales” y serlo con ellos, al menos, momentáneamente. Momentos, a su vez, vitales.

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