La condición humana, de Andre Malraux

La Condicion Humana andre malraux

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La condición humana, de Andre Malraux

 

En el fragor de la revolución china de 1927, de la preparación de la insurrección por parte de Kyo organizando las secciones de asalto y la guardia obrera de Shanghai,;de la oposición de su dirigencia -del Partido Comunista- que privilegia una alianza con Chiang Kaishek y los generales; de las acciones terroristas de Chen; de la conspiración de los poderosos empresarios extranjeros como el francés Ferral que envían con sus millonarios aportes el mensaje “fusilad”; el padre de Kyo, Gisors, escapa recurriendo al opio, mientras veía la acción política de los jóvenes, el marxismo que abrazaban, no como una voluntad –tal como lo veían ellos-, sino como una fatalidad.

Teme, y acompaña a Kyo.

En el drama original: 5.000 militantes listos, pero sin armas, que debían conseguir al mismo tiempo que lanzaban la insurrección, la huelga general de cientos de miles de obreros, esperando la llegada del Ejército del Kuomintang que unía a rojos del Partido Comunista y azules de Chiang Kaishek. “La China soviética –pensaba … Victoria o derrota, el destino del mundo, aquella noche, vacilaba allí”.

En el drama que le siguió, con Kyo viajando al bastión del Partido Comunista para discutir con la dirigencia que “la línea de conducta de la Internacional parece consistir en dejar aquí el poder a la burguesía” y buscar revertir la orden de desarmar a los obreros.

En el drama culminante con Chiang Kaishek fusilando a los obreros y militantes del Partido Comunista. En esta última fase, Kyo fue detenido y antes de ser quemado vivo en las cárceles del nuevo dictador, toma su pastilla de cianuro. “Muerte saturada de temblor fraternal; conjunto de vencidos en los que las multitudes reconocían a sus mártires; leyenda sangrienta, con las que se hacen las leyendas doradas”.

Gisors se derrumba. Antes, intentaba comprender, conversando con Ferral, quien le decía que “el acto, solo el acto justifica la vida y satisface al hombre blanco. ¿Qué pensaríamos si se nos hablase de un gran pintor que no hiciera cuadros? Un hombre es la suma de sus actos, de los que ha hecho y de los que pueda hacer? Yo no soy lo que tal hombre o cual mujer considera como modelo de mi vida, yo soy mis carreteras, mis fábricas”. Y se peguntaba ansioso: “¿No considera usted como una estupidez de la especie humana que un hombre que no tiene más que una vida se arriesgue a perderla por una idea?”. Para Gisors, “es muy raro que un hombre puede soportar su condición de hombre”.
Proseguía: “escapar a la condición de hombre. No poderoso, sino todopoderoso … todo hombre sueña con ser un dios”. ¿Una fatalidad? ¿Un deseo de la voluntad?

Tal vez, más bien, la condición humana consista en ese oscilar, sin fin, entre el fatalismo de Gisors y la voluntad de Kyo, y darse por vencido o decidir seguir buscando vencer.

 

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