La transparencia del tiempo, de Leonardo Padura

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La transparencia del tiempo, de Leonardo Padura

 

¿Qué unía a la Cataluña del 1200 con la Cuba del 2014? ¿Un descendiente de Antoni Barral?, ¿una Virgen negra, con sus poderes milagrosos, con su valor como talla medieval?, ¿un crimen?, ¿la división, el muro, siempre intentando demolerlo, siempre reponiéndose, entre nobles y plebeyos?

Investigando el robo de la Virgen negra de su amigo Bobby, el crimen de Raydel y el de Ramiro, Mario Conde, “el primer detective privado en Cuba desde 1959”, a punto de cumplir 60 años, se topó con ests misterios.

Envueltos en la Cuba después de la Crisis de los ‘90. “En cada ocasión que recorría las calles del centro de La Habana, cada vez más degradadas por la pobreza y el abandono históricos, Conde se empeñaba en encontrar bajo las capas de suciedad, años y precariedades de todas las especies y géneros, los posibles (o imposibles) encantos sobrevivientes … Pero ahora imperaban en el territorio, avasalladoras e invasivas, diríase que casi con impunidad, la pobreza y la ruina física … Y esa Habana esencial funcionada en el presente como el espejo de un país cuyas columnas se agrietaban, vencidas por el peso del tiempo, la desidia, y el cansancio histórico”. Y los asentamientos miserables, y su contraste con los nuevos ricos.

Envueltos en la vida en Cuba después de la crisis de los ’90. Que mal sobrevivía en los asentamientos, y Conde “pensó que de aquella miseria compactada por los años sólo podía nacer más miseria, y sobre todo la peor de ellas: la humana. Los rostros de la gente, de la cual recibía  miradas cargadas de recelo, eran el espejo de sus almas, y sus almas el fruto de su medio: la precariedad acendrada … Lo peor era que, como aquel falansterio, había cientos en la ciudad, , donde vivían miles de personas que ya no esperaban nada de la sociedad y, por tanto, no entregaban nada a la sociedad”.

Y se topó, sobre todo, con sus 60 años, y “su estado de ánimo cada vez más marcado por la tristeza y la melancolía … ¿qué tenia?, ¿qué legaría?”.

Y se topó, también, con “sus cavilaciones socio-histórico-filosóficas” sobre la circularidad del tiempo –la división entre nobles y plebeyos; la ferviente lucha de millones por una idea, una fe, y que no es más al final que la ambición de poder de unos pocos; el aplastante peso de la Historia, de las tiránicas circunstancias, aplastando la libertad de las personas-, que una Virgen –milagrosa y valiosa- fe y razón, encarnaba, trayéndonos a esta ominosa conclusión. ¿Incontestable? ¿Imposible? ¿Irrebatible?

Quién sabe. La noche antes de cumplir 60 años festejado por su amor de la vida Tamara y sus amigos, quiso pasarla solo, sentado en la atalaya de su departamento, y mirando su ciudad, oliendo el mar, pudo, quiso, “pensar que era o es posible comenzar de nuevo”.

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