Diálogos. El escritor y sus fantasmas, de Ernesto Sábato

el escritor y sus fantasmas ernesto sabato

Diálogos. El escritor y sus fantasmas, de Ernesto Sábato

 

(No es novela ni cuento, a quienes aquí acogemos. Pero escrita por un novelista, no es solo crítica o análisis. Es un diálogo entre escritores. Y creación de un espacio literario. Por eso también lo acogemos).

 

“Los grandes novelistas como Balzac, Sade, Melville, Stendhal, Dostoievski, Proust, Malraux y Kafka, son novelistas filósofos”. Pero no demuestran una tesis: muestran; no argumentan una metafísica: la encarnan en sus personajes; no buscan convencer de una idea: nos la hacen vivir a través de sus ficciones. Necesitan una “obsesión” que los impulse, con “fanática tenacidad”. Son el resultado de todo lo que los precede.

Por eso, el arte sí tiene una misión, que no puede ser la de entretener. “La tarea central de la novelística de hoy es la indagación del hombre, que equivale a decir que es la indagación del mal”. “Una de las misiones del arte es develar realidades que otros inadvierten”. “La novela intenta explorar y encontrar un sentido en la existencia del hombre, y eso a menudo resulta incompatible con la obtención de la mera belleza. Intenta dar la totalidad del hombre … Gente como Shakespeare, Dante o Melville no se propusieron nunca (que yo sepa) la belleza como fin, sino el encarnizado examen de nuestra condición humana, la exploración de sus abismos y sus límites. Es claro que en esta tarea hay la posibilidad de belleza, pero no ya de esa mera belleza que se logra cuando se la busca por si misma … sino de una temible belleza”.  La gran literatura es la que “se propone la investigación feroz de la condición humana”.

Una novela que “tiende a dar al lector, lo que este tiene derecho a esperar del novelista: un incremento de su experiencia en profundidad, no en extensión”.

Y solo se debe escribir “si una obsesión nos acosa”. Y por eso, “el tema no se debe elegir: hay que dejar que el tema lo elija a uno”.

Es que “no hay temas complicados, que están ahí fuera esperando a su relator: hay escritores complicados. La historia de un estudiante pobre que mata a una usurera, en manos de un cronista de diario … no será más que una historia corriente de la gran ciudad. En manos de Dostoievski ya sabemos lo que es”.

Nos advierte contra la creación de los “tipos” literarios, porque “nuestra condición es común a todos los hombres. Es como una infinita, compleja y sutil trama que pasa a través de todos nosotros: hombre y mujeres, pobre y ricos, reyes y esclavos”.

La novela es ambigua, como la condición humana; su tiempo es el de los diferentes tiempos interiores; es ilógica; es oscura con la exploración del inconciente. Sus personajes son “hombrecitos” que deben cumplir su irresistible destino –son “seres independientes”-, que trasciende al de su autor, si es que, como Shakespeare, los convierte en sus contemporáneos “única forma de no fabricar monigotes que sólo existen en el papel”.

Nos aconseja escapar de la “policía del idioma” que es el Diccionario y sus guardianes de la Academia, así como de todo bizantinismo (que encarna en su fantasma viviente, Borges), del estilo como pantalla entre el asunto y la emoción (como puede pasarle al gran Flaubert), para saber que en esta frase “el silencio amistoso de la callada luna”, “Virgilio no emplea más que triviales epítetos, pero es la yuxtaposición de esos epítetos a esos sustantivos, lo que crea, en una sola línea, una atmósfera poética”, pues “una palabra no vale por sí sola sino por su posición en la estructura total de que forma parte”. Que hay que preferir “la naturalidad y sencillez” que “son el resultado de un arduo trabajo de limpieza … Todos los grandes escritores escriben con sencillez, pero casi siempre a costa de mucho esfuerzo”.

Atención con la advertencia: “si nos llega dinero por nuestra obra está bien. Pero escribir para ganar dinero es una abominación”.

Tienen un efecto: “Las grandes novelas son aquellas que nos dejan distintos a lo que éramos antes”.

Tiene el arte una función casi mágica. “Pascal afirma que la vida es una mesa de juego, en la que el destino pone nuestro nacimiento, nuestro carácter, nuestra circunstancia. Sólo si somos creadores podemos apostar otra vez, el menos en la fantasmal vida de nuestras ficciones … Y no pudiendo ser locos o criminales en nuestra existencia normal, nos vemos forzados a serlo en la desatada fantasía de nuestras novelas”.

¿Sigue habiendo una “tarea central de la novelística” hoy; sigue el lector teniendo “derecho a esperar” algo del novelista? Es probable, más seguro es que sí “podemos apostar otra vez”, y renovar ese pacto mágico entre el lector y el autor y su obra.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s