Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley

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Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley

 

Víctor Frankenstein “había comenzado la vida lleno de buenas intenciones y aguardaba con impaciencia el momento de ponerlas en práctica. Ahora todo quedaba aniquilado … me azotaban el remordimiento y los sentimientos de culpabilidad que me empujaban hacia un infierno de indescriptibles torturas … Era el autor de males irremediables y vivía bajo el constante terror de que el monstruo que había creado cometiera una nueva maldad”.

¿Por qué quedaba todo aniquilado? Porque no solo gozaba de buenas intenciones. Padecía de una ambición insolente: crear la vida. Y lo logró, impulsado por la mezcla peligrosa de las fantasías, las “quimeras de infinita grandeza” de los antiguos, con las armas milagrosas de las ciencias modernas, capaces de realizarlas. “Los antiguos maestros … prometían cosas imposibles y no llevaban nada a cabo. Los científicos modernos prometen muy poco … pero … han conseguido milagros”.

No solo logró su ambicioso objetivo, sino que no fue capaz de lidiar con sus inesperados resultados: la vida creada era monstruosa. Y la temió Y huyó. Y abandonó su creación, que conociendo solo el abandono, el rechazo, la violencia de los humanos contra un otro, diferente, monstruoso, se llenó de odio y deseos de venganza. Pidió piedad a su creador para enmendarse. Se le negó. Y consumó sangrientamente su venganza.

Aunque rechazando la maldad de su creación, Víctor supo que “como el arcángel que aspiraba al poder supremo me encuentro ahora encadenado en un infierno eterno”. Y abatido, advertía: “Aprenda de mí, no por mis advertencias, pero sí al menos por mi ejemplo, lo peligroso de adquirir conocimientos aprenda cuánto más feliz es el hombre que considera su ciudad natal el centro del universo que aquel que aspira a una mayor grandeza de la que le permite su naturaleza”.

Lo incalculable de nuestras acciones, de aquellas movidas por la ambiciosa insolencia de aspirar al poder supremo, ¿debe dejarnos solo con la alternativa de la vida apacible de los afectos, del sosegado discurrir, del rechazo a las fantasías cargadas con las temibles armas de su realización?

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