Fiesta en el jardín, de Katherine Mansfield

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Fiesta en el jardín, de Katherine Mansfield

 

“Parecían brillantes pájaros que se habían pasado en el jardín de los Sheridan por una tarde en su vuelo … ¿a dónde? ¡Ah, qué felicidad es estar con personas alegres, estrechar manos, oprimir mejillas, sonreírse en los ojos!”.

Así de brillante y feliz había sido la fiestas, a pesar de la pequeña Laura, que intentó hablar con su mamá, la señora Sheridan y con su hermana Josefina para que no la realizaran. Es que aquella mañana se dio cuenta que uno de los obreros que construían la carpa y otros preparativos “aspiró el perfume” de una alhucema y a ella le gustó que a él le gustara aquel perfume. “¡Oh, qué simpáticos son los obreros! ¿Por qué no podía tener amigos obreros en vez de los muchachos tontos con quienes bailaba? … Tienen la culpa –decidió- estas absurdas distinciones de clase. Bueno, por su parte, ella no las sentía”.

Y fue cuando se enteró de la muerte de un vecino que no quiso que hicieran la fiesta tan primorosamente preparada. Pero la madre la tranquilizó: no había sido en su jardín, sino en las casitas de las que las separabas “una ancha calle de por medio. Eran un verdadero adefesio y no tenían derecho a estar en ese barrio. Eran pequeñas viviendas mezquinas, pintadas de un color chocolate. En los retazos de jardín no había más que repollos, gallinas flacas y latas de tomate … Vivían lavanderas y un remendón, y un hombre que tenía todo el frente de la casa con jaulitas de pájaros”. Además, tan lindo que le quedaba el “sombrero negro adornado de margaritas doradas y una larga cinta de terciopelo negro”.

Laura cedió, hasta que al final de la fiesta el padre propuso llevaran los restos de la comida en una gran cesta a las casitas.

Fue, asustada, “la callejuela, oscura y llena de humo … Al lado de la puerta una vieja con una muleta estaba sentada … Laura estaba nerviosísima”, quería irse rápidamente de allí. Pero la hicieron pasar, ver al muerto que “estaba absorto en su sueño. ¿Qué le importaban las fiestas en los jardines, los cestos y los encajes? Ya estaba lejos de esas cosas. Era asombroso, bellísimo”.

Al salir, la esperaba Lorenzo, su hermano, ella lloraba y decía: “la vida es… -tartamudeó- La vida es…No podía explicar qué era la vida. No importaba. El comprendió”.

¿Esa serenidad final? ¿Ese jardín? ¿Esas casitas llenas de humo? ¿Ese comprender y llorar?

3 comentarios en “Fiesta en el jardín, de Katherine Mansfield

  1. Bien Santi , el virus chino también se sobrelleva leyendo y tus comentarios son siempre bien recibidos. Abrazo grande !

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