Anna Karenina, de Tolstoi

Anna Karenina Tolstoi

A partir de

Anna Karenina, de Tolstoi

 

“Todas las familias dichosas se parecen, y las desgraciadas lo son cada una a su manera”. Los Oblonski, Stepan Arkadich, querido por todos, engaña con la institutriz francesa a su mujer Dolli, Daria Aleksandrovna Scherbatski, que sufre, y, por sus hijos, y porque espera el amor de él, permanece a su lado. Los Scherbatski conocen el dolor de Dolli, y el de su hermana menor Kiti por Vronski que después de darle a entender que la amaba la deja, aunque ella había rechazado a Lievin con quien finalmente se casará y tendrán con felicidad a Dmitri. Los Lievin que conocen el sufrimiento de Konstatin por el rechazo inicial de Kiti, por el sufrimiento de su hermano Nikolai, por la distancia con su medio hermano el famoso escritor Koznishov. Los Karenin, con Anna Arkadievna Karenina, hermana de Stepan Arkadich Oblonski, enamorada de Vronski abandona a su marido Alexiei Alexandrovich iniciando el goce y el dolor.

Entonces, si en todas estas familias hay la infelicidad de la infidelidad y el amor no correspondido, ¿qué es ese “cada una a su manera”?

Esa desgracia caería fatalmente sobre Anna con el mayor de los pesos.

¿Fue la infidelidad, la fatalidad de Anna? Mejor dicho: ¿la decisión de romper con la opresión que la aniquilaba en su matrimonio con Karenin, dejándolo por Vronski?

¿Fueron las convenciones sociales? Aquellas que iban del rechazo de la sociedad a la potestad del hombre, al divorcio bajo causas solo humillantes, a la “falsedad de la posición” de Anna, conviviendo como amante con otro hombre.

¿Fueron las condiciones sociales, con Rusia debatiéndose  entre el campo y la ciudad; entre la plenitud del trabajo físico y el ocio y lo intelectual; entre las tradiciones y las impugnaciones liberales y socialistas; entre lo arcaico y lo moderno, la nobleza –venerable institución arcaica de mil años orgullosos de existencia- y el funcionariado mediocre; todo entremezclado entrabando la libertad de vivir la vida como cada uno quisiera?

¿Fue ser mujer, la fatalidad de Anna? “Ustedes los hombres que son libres y pueden escoger, no lo comprenden… Pero una joven, obligada a esperar con la natural reserva impuesta a su sexo que solo los trata a ustedes de lejos y fía buenamente en sus promesas”, ustedes maduran su amor, piden la mano, la mujer “solo puede decir sí o no”, pareciendo “una humillante feria, donde las muchachas son algo así como una mercancía expuesta a la codicia del comprador”. Pero estaba también Betsi Tverskaia su ex amiga que engañaba a su esposo y disfrutaba de la vida sin padecimiento alguno, a la vez que le decía que no la podía recibir por la “falsedad de su posición”. Estaba la princesa Lidia, devota, abandonada por su esposo y amante de cuantos pudo, que por su fe aconsejaba a Karenin no conceder el divorcio. También estaba Dolli engañada por su marido, Stepan Arkadich Oblonski y que permaneció con él por sus hijos. Y estaba también Kiti que pasó del corazón roto por Vronski a renacer mediante sus propias conclusiones sobreponiéndose a aquel enamoramiento y brillar con Lievin su amado esposo.

¿Fue entonces su propia naturaleza, la fatalidad de Anna? Le decía su amiga Betsi que “es usted una verdadera heroína de novela. Usted sabe, las mismas cosas se pueden considerar desde puntos de vista diferentes. Unos las toman por el lado trágico, convirtiéndolas en un tormento, y otros las miran con sencillez y hasta con alegría. Acaso tienda usted a verlo todo demasiado trágicamente”.

¿Fue porque “el encanto de la vida” es ese terrible “contraste de luz y de sombra” esos hermanos gemelos, la felicidad y la desdicha, inseparables, que unos sobrellevan, unos llevan ligeramente, y otros se hunden bajo su peso?

¿Fue por vivir en un mundo de hombres, hecho para los hombres, para “afirmar su independencia”? “Es verdad, tiene derecho a ausentarse cuando le parezca y hasta abandonarme por completo. Desde luego, él tiene todos los derechos, mientras que yo no tengo ninguno”.

Y fue entonces darse cuenta que fue pasar de estar bajo el poder de Karenin, a ponerse –ella misma, en nombre del amor- bajo el poder de Vronski, y comenzar a sentir enloquecer, a odiar, a creer que las relaciones que gobiernan a las personas son las del odio, y a pensar en que su única salida, era el suicidio.

Ese “cada una a su manera” es la decisión, la elección obligada, ante “el contraste de luz y sombra” que cada uno carga, goza, sufre, padece, entre ponerse al brillo luminoso de la luz –la plenitud del trabajo, el abandonarse a la sencillez de la vida, a reconocer el don de la bondad que hay en cada uno de nosotros, de Lievin y Kiti-, o a la oscuridad de la sombra –la pasión trágica de Anna, el encanto mundano de Vronski y Stepan Arkadich, la razón estéril de Koznishov.

(Catedra. Traducción de L. Sureda y A. Santiago, revisada y corregida por Manuel Gisbert)

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