Diálogos. Medio siglo con Borges, de Mario Vargas Llosa

medio siglo con Borges de Vargas Llosa

Diálogos. Medio siglo con Borges, de Mario Vargas Llosa

(No es novela ni cuento, a quienes aquí acogemos. Pero escrita por un novelista, no es solo crítica o análisis. Es un diálogo entre escritores. Y creación de un espacio literario. Por eso también lo acogemos).

Nos lo da, y nos lo quita

Nos da Vargas Llosa una generosa imagen total de Borges: “ha sido lo más importante que le ocurrió a la literatura en lengua española moderna y uno de los artistas contemporáneos más memorables”.

Nos da una enumeración para mejor apreciarlo: “la elegancia y la limpieza de su prosa, el refinamiento de sus historias, la perfección con que sabía construirlas”.

Nos da el límite insuperable que representa: su “furiosa originalidad” como razón de la imposibilidad de pretender su herencia, por eso solo podemos mirar su ejemplo, no pretender su influencia.

Nos da cualidades propias de Borges: “lo revolucionario de su prosa es que hay casi tantas ideas como palabras, pues su precisión y su concisión son absolutas”.

Nos da los “recursos” de su “estrategia creativa” la economía de recursos; el exotismo (diferente del provincialismo); la erudición (su función literaria, alejada de cualquier pedantería).

Nos da una de las marcas de los grandes escritores: la creación de un “mundo borgeano”, un “deslumbrante universo salido de su imaginación”; sus características: “el mundo ficticio que inventó está impregnado hasta el tuétano de literatura … el arte de Borges, que resulta, más que ningún otro que haya producido la literatura moderna, de metabolizar, imprimiéndole una marca propia, la literatura universal” (a la vez que advierte contra la agobiante crítica que lo interesante está en lo que hizo con sus fuentes: “lo que da grandeza y originalidad a esos cuentos no son los materiales que él usó sino aquello en que los transformó”).

Nos da lo que podría ser valore como lo mayor de Borges: forjó un estilo, innovó de manera radical, mostró el potencial del idioma, su flexibilidad: “ninguna obra como la de Borges para enseñarnos que, en materia de lengua literaria, nada está definitivamente hecho y dicho, sino siempre por hacer”.

Y nos lo quita: “El suyo es un mundo de ideas, descontaminadas y claras … su mundo ficticio en el que lo intelectual devora y deshace siempre lo físico”.

Nos lo vuelve a quitar, al preguntarse, como novelista, por el rechazo de Borges a la novela: “esta imperfección congénita del género novelesco –su dependencia del barro humano- era intolerable para él”.

Recalibra su valoración: “que todo libro es una disquisición intelectual, el desarrollo de un argumento o tesis … lo que son las ficciones de Borges: conjeturas, especulaciones, teorías, doctrinas sofismas”.

Para, desde este otro ángulo, revelarnos cuál sería “la singularidad del mundo borgiano”: “consiste en que, en él, lo existencial, lo histórico, el sexo, la psicología, los sentimientos, el instinto, etcétera, han sido disueltos y reducidos a una dimensión exclusivamente intelectual. Y la vida, ese hirviente y caótico tumulto, llega al lector sublimado y conceptualizado, mudada en mito literario por el filtro borgiano, un filtro de una pulcritud lógica tan acabada y perfecta que parece, a veces, no quintaesenciar la vida sino abolirla”.

¿Será así esta tan compartida visión sobre el carácter “compensatorio” de su literatura; sobre su “glacial racionalismo”; sobre su “distanciamiento” por medio de la ironía?

Para empezar: ¿no es acaso lo que hacen todos, hasta el más hirviente y tumultuoso de los escritores, un recorte inevitable de “la vida” que es infinita, inaprehensible, ni en 10, ni en 100, ni en 1000 páginas?

Para seguir: ¿no será acaso que lo que rechaza no es “el barro”, “lo físico”, sino el caos, construyendo un orden, un cosmos, un… Tlon?

Para abundar: ¿es la innovación del lenguaje, por medio de esa revolución estilística, lo que nos puede atraer a los lectores comunes; no habrá una resonancia de emociones, un mundo en miniatura en el que uno puede adentrarse, una emoción íntima, una experiencia –más que una demostración- de la variedad del mundo, de su radical infinitud: las “interpretaciones” de cada cual ante la infinidad de “los hechos” así inasibles, o, sino, crudos, desnudos, objetivos: abrumadores?

Sí, lo podemos volver a reclamar: al final descubriremos la importancia vital –no el glacial racionalismo-: la política en Borges; el amor con María Kodama; el humor en tanto “la picardía, la malicia, la vida”.

Pero sobre todo, que sí, que hay algo más que “glacial racionalismo”, que revoluciones de estilo, que innovaciones de la lengua: que hay la creación de un mundo: la influencia de Borges en el tan diferente Onetti: “la ficción incorporada a la vida”, pero, sobre todo que esa influencia se dio “sin advertirlo del todo, pues el argentino lo ayudó a descubrir una proclividad íntima”, esa interferencia de lo ficticio en lo real. Y no solo en beneficio de Onetti, también de nosotros sus muchos otros lectores.

Hay entonces emociones: hay un descubrimiento (no entonces por medio de heladas razones) de algo íntimo: algo que está en nosotros, algo que sabemos cada uno de nosotros: la presencia posible de la ficción en la realidad, y es esa dulce emoción, esa felicidad, la que nos da Borges.

 

2 comentarios en “Diálogos. Medio siglo con Borges, de Mario Vargas Llosa

  1. Pido disculpas si reitero porque ayer escribi y no se si se borro o quedo
    Excelente manera de expresar como JLB con su estilo perfecto,genialudad y sutil picardia, llega al alma y encanta
    Habitualmente quiero leer el libro que comentas, esta vez:prefiero volver a Borges

    Le gusta a 1 persona

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