Píldoras de la crítica. Imitación e influencia. Percy Bysshe Shelley

Píldoras de la crítica. Imitación e influencia. Percy Bysshe Shelley

(Apenas un breve extracto para pensar, sin hacer crítica de la crítica, ni hacerse parte de entreveros, ni tener que recorrer estos caminos)

“En cuanto a la imitación, la poesía es un arte mimético. Crea, pero crea por combinación y representación. Las abstracciones poéticas son hermosas y nuevas no porque las partes de las que se han compuesto no tuvieran una existencia previa en la mente del hombre o en la naturaleza, sino porque la totalidad producida por su combinación tiene alguna bella e inteligible analogía con las fuentes de la emoción y el pensamiento, y con la condición contemporánea de los mismos: un gran poeta es una obra de arte de la naturaleza que otro no sólo debería sino que tiene la obligación de estudiar. El poeta podría decidir con juicioso parecer que su mente ya no debería ser el espejo de todo lo que es hermoso en el universo visible, o excluir de su contemplación la belleza que existe en los escritos de un gran contemporáneo. Esa pretensión sería un atrevimiento para cualquiera, excepto para los más grandes; el efecto, incluso en éstos, sería forzado, artificioso e inútil. Un poeta es el producto combinado de unas facultades internas que modifican la naturaleza de otras y de unas influencias externas que estimulan y sostienen esas facultades; el poeta no es sólo unas sino ambas. El espíritu humano queda, en este sentido, modificado por todos los objetos de la naturaleza y del arte, por cada palabra y cada sugerencia que el hombre admita que haya actuado alguna vez sobre su conciencia; es el espejo en el que se reflejan todas las formas y en el que éstas componen una sola forma. Los poetas, no de otro modo que los filósofos, los pintores, los escultores y los músicos son, en un sentido, los creadores, y en otro, las creaciones de su época. Y a este sometimiento no escapan los más grandes. Hay una semejanza entre Homero y Hesíodo, entre Esquilo y Eurípides, entre Virgilio y Horacio, entre Dante y Petrarca, entre Shakespeare y Fletcher, entre Dryden y Pope; cada uno tiene su semejanza genérica bajo la que se disponen sus distinciones específicas. Si esta similitud fuera el resultado de la imitación, estoy dispuesto a confesar que he imitado”.

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