Que el vasto mundo siga girando, de Colum McCann

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Que el vasto mundo siga girando, de Colum McCann

En Irlanda. En New York en Harlem, en Park Avenue, en los suburbios al norte del Estado de NY, en las Torres Gemelas.

En un complejo habitacional subsidiado. En un lujo edificio. En las oscuras oficinas de los Tribunales de Primera Instancia. En un bosque. En las playas que dan al mar. En un hogar de ancianos. En el metro. En las comisarías. En las cárceles.

Allí el mundo que transitan los hermanos Corrigan. John, sensible hasta el extremo de vivir entre vagabundos y borrachos, sólo a veces emborrachándose él, en Dublin; en NY entre las prostitutas y ancianos olvidados. Al borde del mundo. Es que “Cristo es muy fácil de entender. Iba a donde tenía que ir Jamás rechazaba el mundo. De haber hecho tal cosa, habría rechazado el misterio. Y si rechazaba el misterio, rechazaría la fe”. Lo consolaba la verdad desnuda. Ingresó a una orden de monjes que vivían en el mundo. Lo gozaba y lo sufría. Su hermano, Ciaran, no lo entendía, pero lo acompañaba. Trasladando a los ancianos a la playa para pasear, junto a una de las prostitutas Jazzlyn, un auto lo atropella, y mueren.

Corrigan vive en el borde del mundo, el equilibrista que atraviesa en un cable de acero de la Torre Norte a la Torre Sur del World Trade Center, vive encima del mundo, plenamente, pertenece al aire.

La atormentada vida de Jazzlyn, prostituta como su madre, heroinómana, golpeada por sus chulos, encarcelada muchas veces, vive en la vida de Jaslyn, joven profesional adoptada tras su muerte por Gloria, hija y nieta de esclavas.

La respuesta al poema árabe y su terrible pregunta: “¿Hay alguna esperanza de que esta desolación pueda procurarme solaz?”, está en la vida de John Corrigan viviendo al borde. En la del equilibrista parte del aire. En la de Jaslyn abriéndose a otra vida. Pero también, en la de Ciaran, en la de Lara, e la de Gloria y su amiga Clarise. “El mundo gira. Nosotros avanzamos dando traspiés. Es suficiente”. 

¿Lo es? Si como Corrigan, como Gloria, incluso como el equilibrista, sabemos encontrar la belleza en los padecimientos del mundo.

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