Voces, de Dana Hart

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Voces, de Dana Hart

Alzan su voz. Angela Davis (“¿En qué tipo de sociedad, Dios es un violador? … El enojo se intensifica con los años. Se convierte en la base, en los pilares fundamentales de la arquitectura de lo que somos. Es la fuerza vital que nos impulsa a derribar lo existente”.). Carmela Jeria (“Necesito saber quién soy yo, cuando no estoy con nadie … Necesito saber quién soy, conocer mi propia historia. He estado entrando al sitio web http://www.memoriachilena.gob.cl, como si tuviera allí un secreto. Memorizo todo lo que puedo. Averigüé así que mi abuela publicó La Alborada … Ella, construyó, armó, hizo que su entorno creciera. Me pregunto si habrá logrado manejar también, entre todos sus aportes, el arte de perderlo todo.”). Carmen Herrera (“Creíamos que teníamos el mundo por delante. Que podíamos cambiarlo todo, todavía lo creemos. Pero en ese momento éramos un poco más jóvenes, más ingenuos. No estábamos hechos de cárceles, como ahora”). Carmen Serrano (“A nosotras nos gustaba encender el ánimo. Éramos un par de fósforos, siempre listas, dispuestas a decir verdades, de una manera, que les diera ganas de salir y romper todo”). Delfina González (“- Nos cansamos. Aguantamos mucho tiempo. Más de lo que cualquier ser humano debería tener que aguantar. Me

va a creer que todo empezó por un poroto. Si, por un poroto. Bueno, varios porotos, con gorgojos … Ahí fue que, inmediatamente, alguien se paró, no recuerdo quién fue, y echó agua al fuego, que

empezó a tirar vapor de humo, vapor, hasta que se apagó completamente. La cocina se apagó y nosotras nos prendimos”). Emily Dickinson (“Hay otro cuaderno en el que no escribo poesía. Arrojo letras sobre él, como semillas de realidad, que no hacen más que expresar las cosas como son … Lo escondo. Me escondo. No de monstruos imposibles, alejados. No de objetos inanimados, que parecen moverse en las sombras. Huyo de los vivos. De los más cercanos. De aquellos que habitan tras el muro. Ojalá pudiera nombrarlos. Sería un gran logro. Gritar a los vientos sus nombres y tras de sí, la palabra: “violador”. “Violador”). Flora Tristán (“existe un personaje doblemente oprimido: la mujer explotada”). Louise Michel y Elizabeth Dmitrieff (“-¿Usted no se calla?, -Nada, -En eso entonces, nos parecemos”). Mary Shelley (“Si hubiese podido agarrar todo ese tiempo invertido, durante todos estos años, en él, y lo hubiese podido meter adentro de una caja, de seguro la caja sería enorme. Y si esa caja la hubiese podido utilizar para otros fines, de seguro los alcanzaba …  Me siento a escribir y el frío me dificulta tomar el lápiz, pero en cuanto aparecen las primeras letras, veo a mi protagonista ante mí, lista, resuelta, dispuesta, intento hablarle pero ya se por qué no me contesta, me está hablando en letras que dicen: ¡Cólmate de derechos!”). Nora Barnacle (“Soy Nora Barnacle, no soy la señora de Joyce. Ni su esposa. Ni la novia. Ni su mujer. Puede que sea, en algún punto, entre otras muchas cosas, la única que entiende lo que escribe”). Teresa Claramunt y Juana Gutiérrez (“Me di cuenta muy temprano: <<La mujer es el primer obrero de la humanidad>>”). Teresa Flores (“Cuando se cuenta la historia de la fundación de la primera federación obrera en Chile, la FOCH, por ejemplo, se narran sus viajes, su presencia que se expande por el país, pero no se dice que yo, estaba allí, hablando con los trabajadores, pero por sobre todo con las mujeres de la clase trabajadora, el eslabón secreto más firme de la cadena, el que no se rompe nunca”). Isabel Díaz (“Cualquiera puede ver esa fotografía en la que estoy sentada junto a una cincuentena de hombres, con mi terno a rayas, en uno de los Congresos del Partido Obrero Socialista (POS), siendo la única mujer presente”). Hortensia Quinio (“no va a poder someterlo a un juicio, ni meterlo preso, ¡carajo!, ni colgarlo a golpes como a mí, porque habrán sabido decirle los sapos que tiene en la calle,

que lo mató la tuberculosis. Si, si, como escuchó. La tuberculosis le ganó la mano, Prefecto. La tuberculosis fue más rápida que usted”). Orfelia Acevedo Leiva, Amanda Moscoso Mujica y Soma Huerta (“¡No estoy conforme!”). Kate Millett, Dora, Betty Friedan, Flora Tristán (“No fue tu culpa ni estabas loca”).

Alzan su voz desde los más diversos países, Chile, Estados Unidos, Perú, México, Francia, Irlanda, Argentina, Inglaterra.

Alzan su voz desde todas sus afrentas.

Alzan su voz desde todas sus luchas. Las de la teoría, las de la literatura, las de la organización, las sindicales, las políticas, las de las trincheras, las de la clase trabajadora, las disidencias, la diversidad.

Alzan su voz, solas y en compañía.

Alzan su voz, denuncian, advierten, amenazan. Odian y aman. Destruyen, construyen.

Alzan su voz, construyen la historia, abren un camino.

Cada una su voz, cada una la voz de todas.

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