(8 de marzo) Las mujeres que escriben son peligrosas, 1

[Del libro “Las mujeres que escribe también son peligrosas” de Stefan Bollmann, estos extractos, como hacemos en nuestras Píldoras de la crítica, sólo para pensar, reordenados para este mes de marzo]

El punto de partida: “el mundo de la literatura, un reino dominado tradicionalmente por los hombres”, discutible como todo, pero cierto, aunque esté bajo asedio de cada vez más escritoras reconocidas.

Y agrega dos aspectos explícitamente.

El peligro de la oposición de los hombres sosteniendo su primacía, y el peligro de disputársela. “El hecho de que las mujeres que escriben son peligrosas y vivan peligrosamente se debe también a que se oponen al reparto tradicional de tareas entre los sexos — el hombre engendra y produce, la mujer recibe y da a luz— y cuestionan el privilegio de la creación que se atribuyen los hombres.”.

El peligro de vivir en secreto -escribir sin que se note, entre las muchas tareas domésticas en el comedor de la casa-, el peligro de publicar en secreto -por el rechazo esperable a un libro de una escritora-, y el peligro de desafiar todo esto, no solo ante los demás, si no también ante sí misma. “Pero no sólo vive peligrosamente quien no puede alcanzar sus objetivos más que en secreto y se encuentra por ello en oposición insuperable con la sociedad de su tiempo. Peligrosamente vive también quién tiene una conciencia desgarrada y lucha con ese desgarro. Una conciencia desgarrada puede tomar la forma de esos estados de confusión y de vacilación entre concesión y rebelión

Y sobre estos puntos de partida, cada semana de marzo, un peligro, y una peligrosa respuesta por afrontarlo:

  1. El anonimato
  • Ruptura e innovación: un nuevo tipo de novela

2. El “orden natural”, el orden patriarcal

  • Ruptura e innovación: un nuevo tipo de novelista

3. El “orden natural” interiorizado y su estallido

  • Ruptura e innovación: la irrupción en lo público

4. Ruptura e innovación: la propia vida como creación

  1. El anonimato

“Una anécdota relatada por la escritora francesa George Sand ilustra bien los obstáculos que debían superar las mujeres que escribían: al cabo de nueve años de una vida conyugal agobiante, se separa de su marido y se dedica a la escritura. Su suegra no tarda en pedirle explicaciones. ¿Es acaso cierto que tiene la intención de publicar libros? ¡Pero qué idea tan rara! ¡Ojalá no tenga la intención de hacer figurar su nombre y el de su marido en la cubierta! Y así fue como Aurore Dudevant, nacida Dupin, comenzó su carrera de escritora bajo un seudónimo y tomó la precaución de elegir un nombre masculino: George Sand. Ella no fue la única mujer de su tiempo que consiguió acceder al mundo literario diciendo que sus manuscritos habían sido escritos por un hombre. En vida, las tres hermanas Brontë publicaron bajo seudónimos masculinos: eligieron los nombres de Currer (Charlotte), Ellis (Emily) y Acton (Anne) Bell … La razón no había sido el miedo por su reputación en la así llamada buena sociedad. A ella le importaba más bien «que su libro fuera juzgado por sus cualidades propias —y no condenado de antemano como la obra de una mujer o de una mujer muy particular—» … En cambio, Jane Austen conservó el anonimato de manera muy consciente durante toda su vida; los títulos de sus libros llevaban como única mención By a lady. Ella deseaba tal vez que los lectores supieran que Sentido y sensibilidad u Orgullo y prejuicio eran obras escritas por una mujer, pero se tomó la libertad de dejar al público en la ignorancia de su identidad. La invisibilidad le deparaba libertad de acción, por más que fuera esencialmente sobre el papel y al precio de una existencia anónima”.

  • Ruptura e innovación: un nuevo tipo de novela

“El extraordinario avance de la novela en el mundo moderno, según el escritor Henry James, está ligado al extraordinario avance de la mujer.

Esta constatación no se aplica de igual manera a la escritura y a la lectura de novelas. Aunque en el siglo XVIII las novelas fueran en su mayor parte escritas por mujeres, esa dominación cuantitativa no coincidía en un primer momento con un liderazgo cualitativo. Las cosas cambiaron con Jane Austen, quien supo sintetizar las dos grandes tendencias de este arte aún tan joven”: la de Samuel Richardson que con su novela epistolar daba cuenta de los sentimientos íntimos de las mujeres, y la de Henry Fielding que privilegiaba la puesta en escena humorísticamente de la realidad con intervenciones del novelista. Jane Austen “logró asociar esos dos tipos de novela en una unidad armoniosa y desconocida hasta entonces. Con ella, se pasa constantemente y sin ruptura de la representación de la conciencia al análisis de la vida, y se produce un juego sutil de identificación y distancia que ilustra los enredos de las relaciones humanas en su dimensión psicológica y social … nos muestra cómo vida interior y vida exterior —sentimiento, comunicación y acción— interactúan, coinciden o se contradicen, se distinguen por la sinceridad o el disimulo, por la resolución o la indiferencia. Sus personajes se definen sobre todo por la situación en que se encuentran en ese momento y por su actitud en esa situación específica —y menos por un pasado sobre el que habría que informar previamente al lector, o por un futuro abierto que promete siempre más de lo que da—. Todo se sitúa en la luz diáfana de un presente insistente …  La percepción sutil de las armonías, los tonos intermedios y las disonancias en las relaciones humanas se convirtieron en una dinámica de producción literaria en escritoras como Jane Austen, y se comunica a sus lectoras y lectores como una nueva razón de ser, como un valor propio y un ámbito relevante de experiencia individual y social.”.

“Elisabeth, la heroína del libro, era «uno de los personajes más fascinantes jamás aparecido sobre una página impresa». Jane Austen creó con ella un nuevo tipo de mujer, que encarna el espíritu —en el sentido que se le daba entonces, es decir vivacidad intelectual, rapidez de comprensión y sagacidad de asociación—. En ello, esta heroína es la perfecta antagonista de su madre, caracterizada claramente en la novela como la representante simple e ingenua del darwinismo social conyugal. Lo que Elisabeth más detesta son las opiniones y las actitudes que la sociología ha descrito mucho más tarde como las de una personalidad sometida a influencias externas. Se trata de un tipo humano que para sus decisiones y acciones se deja guiar por las señales que recibe del exterior. Si bien este comportamiento, como lo diagnosticaba ya entonces Jane Austen, puede, en ciertas circunstancias, aumentar el elemento de placer, compromete a la mujer a encontrar la imagen que tiene de sí misma en las expectativas que le imponen. Elisabeth también se casa; pero es ella quien ha elegido, y ya desde el inicio de esta relación ha demostrado su superioridad en cuestiones de inteligencia emocional y social. Además del espíritu, las condiciones previas son la rectitud, la resolución, una presencia incondicional. Quien posea esas cualidades no está obligado a hacer depender de la opinión de los otros el sentimiento que tiene de su propia dignidad, sino que puede seguir su propio parecer y, en la eventualidad de que descubriera que se trata de un prejuicio, posee igualmente la fuerza necesaria para cambiar de opinión”.

“Un nuevo sentimiento de autoestima de la mujer está también asociado a la novela. Su lectura le aportaba experiencias que jamás habría obtenido de la exigüidad de su entorno habitual. A través de la novela, ella reconoce su propia situación y ve al mismo tiempo su propio universo bajo una nueva luz —como un mundo entre muchos otros, todos ellos también posibles—. El filósofo Odo Marquard ha hablado una vez en ese contexto de la «pluralización de la vida»: leer literatura y al mismo tiempo comunicarse con otros lectores y lectoras sobre el contenido de lo leído ensancha el horizonte vital y permite descubrir nuevos modos de vida hasta entonces desconocidos”.

Un comentario en “(8 de marzo) Las mujeres que escriben son peligrosas, 1

  1. Muy ilustrativo e interesante muestra de la clara intelugencia y de J Austen, de su coraje y conviccion. De su pluma sensible y conectada con su entorno y extendida mas alla a traves de sus lecturas

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