Mamá, de Joyce Carol Oates

A partir de

Mamá, de Joyce Carol Oates

Tras el asesinato de su mamá Gwendoline Eaton, Nicole, Nikki, Eaton, su hija menor, la chica sexy del instituto, nunca muy amiga de su hermana Clare que le reprochaba no solo haberse ido de la casa cuando creció sino también haberse ido de Mt. Ephraim, su ciudad, porque era una “egoísta”, terminó por “vivir en casa de Gwen. Llevar su ropa y cocinar lo que ella solía cocinar. Tener su gato y ver a su gente. Crees que es buena idea, ¿eh?”, le decía la prima de su mamá Lucille Kovach.

¿Es una buena idea?

Quién sabe. Y quién sabe qué te pasa cuando, revisando el desván, encuentra una postal que Nikki les envió de uno de sus paseos. “Ni siquiera había puesto ‘Besos’ … En aquella época yo tenía veinte años. En alguna fase olvidada mucho tiempo atrás de estar dolida, enfadada. Quejándome al tipo con el que había estado viajando de que mis padres estaban bien pero básicamente no tenían idea de quién era yo. Supongo que debía pensar que papá y mamá vivirían eternamente, que habría mucho tiempo para compensar”.

Y, básicamente, ella no conocía a su mamá. No como creía al menos. “Pluma”, le decían a su mamá. “Siempre pensé que la gente la llamaba ‘Pluma’ porque era alegre y feliz”. Lo era. Y no lo era. Como casi todos nosotros. Y fue sabiéndolo con las historias que, al fin se abrió a saberlo, a hablar con sus tías, con las amigas de su mamá, con sus parientes, le fueron contando. Recordó una vez que llegó a su casa y su mamá no estaba, “y recorrí toda la casa buscándola y llamándola: ‘¿mamá? ¿estás en casa?’, con voz débil pero en realidad no pensaba mucho en ello, a los catorce años no piensas mucho en nadie salvo en ti misma, y sin duda no piensas en tu madre, no te imaginas a tu madre con una vida separada o independiente de la tuya”. Y sin embargo, la tiene.

Poco antes de morir, en el día de la madre, Nikki ya con treinta y un años, cruza unas palabras con su mamá que la cuestiona por no estar casada, por salir con hombres casados que “cómo puedo ir a la deriva como he estado yendo”, y Nikki: “tal vez tú no has ido lo suficiente a la deriva, mamá. La familia no es lo único que existe”, y su mamá: “¿Y sin familia, qué hay?”, y Nikki se calló: “no podía revelarle que no lo sabía”.

Ese mismo día brindan. Nikki: “Por las mamás, sin ellas, ¿dónde estaríamos todos?” Y Clare: “Yo os diré dónde estaríais sin madres: cocinando vosotros, limpiando vosotros y recogiendo vosotros las cosas, clasificando vuestros calcetines, quejándoos para vuestros adentros, fregando y echando pestes y…”. Agregó: “Y no tendríais a nadie que os quiera pase lo que pase”.

Veinte, catorce, treinta y un años, desencuentros, fantasías, distancias; después, conocerla, por los otros; ocupar su lugar, repetirla; para, al final, con amor, soltar, dejar, por ejemplo, aquel hombre casado, encontrar otro hombre, tenía razón mamá, sí, entonces, “el futuro se hace más amplio. A medida que el pasado va desapareciendo”, o mejor, encontrándose con el pasado de otra manera, con reencuentros, sin fantasías, con cercanía.

(Punto de lectura. Traducción: Carme Camps)

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