Píldoras de la crítica. Frederic Moreau y Julien Sorel. Margo Glantz

Píldoras de la crítica. Frederic Moreau y Julien Sorel. Margo Glantz

(Apenas un breve extracto para pensar, sin hacer crítica de la crítica, ni hacerse parte de entreveros, ni tener que recorrer estos caminos)

“Quizás esa aureola romántica que ilumina la pasión haya comenzado a diluirse a finales del siglo pasado [el s. XIX], después de aniquilar a Madame Bovary para destruirse con lentitud y nitidez en La educación sentimental de Gustave Flaubert. En efecto, Frederic Moreau ha resuelto dedicarle su vida a la pasión. Para él, la construcción de un amor es la realización de una existencia, así como podría serlo para otros la construcción de un destino político.

Julien Sorel, protagonista de Rojo y Negro de Stendhal se queja de no haber nacido en una época en que su destino hubiera sido político, si hubiera vivido en tiempos de Napoleón, pero incapacitado para realizar las proezas guerreras del corso, dedica su vida a organizar una estrategia amorosa que le permita ascender a ligarse con las clases que detentan el poder. Frederic Moreau acusa vagamente a su época de ser la culpable del fracaso de su vida, pero ésta se organiza, sin que el protagonista parezca advertirlo realmente, en torno a la revolución del 48. A Frederic le toca vivir una coyuntura histórica que hubiera hecho delirar a Julien Sorel, quien realiza hazañas prodigiosas, si se tiene en cuenta su procedencia: es hijo de un leñador y acaba (casi) siendo el yerno de un marqués. Su impetuosidad, la verdadera pasión (con la que sueña Frederic Moreau), impide el final feliz: Julien pierde la cabeza y termina en el cadalso, culpable de haber querido asesinar a Madame de Renal, su primero y único amor. Su cabeza guillotinada recibe gloriosa sepultura en una gruta, donde la lleva Matilde de la Mole, la marquesita caprichosa que sueña con un destino heroico y apasionado de heroína medieval. Julien asciende vertiginosamente y, como los personajes de Shakespeare, cae de la misma manera vertiginosa.

Frederic Moreau está en medio. Parecería que pudiese llegar a ser ministro, negociante, amante perfecto, soldado. Es sólo un contemplador inactivo y su pasión amorosa se instala en una descripción. Frederic contempla, ésa es su ocupación fundamental”.

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