La uruguaya, de Pedro Mairal

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La uruguaya, de Pedro Mairal

Lucas se va de Buenos Aires a Uruguay por el día, “a traer plata”. Con algo de culpa o temor, cree que en la Aduana fichan a los que, como él, van por el día. En Montevideo tenia su cuenta para que le transfieran sus derechos de autor: si se los enviaban a Argentina le pesificaban los dólares, perdiendo con el cambio, le habría quedado menos de la mitad, y le cobraban impuesto a las ganancias, perdiendo con el tributo. Si no perdía con el cambio, sacando la plata de su cuenta uruguaya, le daría para pagar sus deudas y vivir diez meses que podría dedicar a su próxima novela: “un tipo que se iba, dejaba a la mujer y los hijos y se perdía en Brasil, se convertía en otro”.

No estaba solo con culpa o temor: iba a cobrar su plata, después de meses de no llevar nada, vivían solo del sueldo de su mujer, Catalina, cada vez les alcanzaba menos, cada vez crecían más las deudas, cada vez sufrían mas privaciones, y con ellas, vergüenzas. Eran fruto de su derrota. Y sí, tenía que admitirlo, “estaba derrotado, no sé bien ni por qué ni por quién, pero me regodeaba en eso”.

Y, en realidad, sí, sabía. “Era mi actitud de desempleado, de tipo que no provee, mi impotencia de macho cazador”.

Así, que, macho cazador, además de su plata, que lo ponía en la cima otra vez, iba por Magalí Guerra Zabala. Cobró su plata. Alquiló una habitación en un hotel, se sentó a esperarla. “Estaba viviendo mi vida. Basta de sublimar con la literatura, inventando historias. Quería vivir la mía. Ver y palpar. Entrar en la realidad. Entrar en Guerra. En guerra contra mi puta fantasía, mi eterno mundo invisible”.

Con Guerra en la playa, ya entregados uno al otro, le roban su plata. No podía contar eso a Catalina. Así que modificaría levemente los hechos. “Como en el cuento ‘Emma Zunz’ de Borges, sólo serían falsas las circunstancias y la hora, pero serían ciertos el robo, mi tono desesperado, la humillación y la violencia”.

No hizo falta. Catalina tenía ya un año de historia con una pareja. Rehicieron sus vidas, más felizmente. “Va a sonar como que me hago el superado, pero de verdad te digo: tenemos que pensar de una manera nueva. Crecimos dentro de esta idea de familia que nos llenó de angustia cuando le vimos las grietas”.

Y que le sigue llenando de angustia. Macho cazador, mintió que iba por plata cuando más iba por Guerra; pensó en “entrar en Guerra” y no una “guerra contra mi puta fantasía”; debió idear la estratagema Emma Zunz; escribió estas confesiones de sus aventuras sexuales. Por el contrario, Catalina, serena y directamente, le dijo que se iba con su nueva pareja.

De un lado, apenas un macho cazador, melodramatizando sus días. De otro lado, al menos, una mujer que serenamente, lo deja y rehace su vida.

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