Tres dimensiones de la literatura

Tres dimensiones de la literatura

Pueden ser: orden, evasión, resolución. Con estas tres dimensiones, podemos pensar la particular relación entre literatura/arte y vida, tan debatida en su momento, y con ello la, también tan debatida, función de la literatura y del arte.

Un orden. Tres autores, afines y dispares nos lo señalan:

Para Robert Louis Stevenson: “la vida es monstruosa, infinita, ilógica, abrupta e intensa; una obra de arte, en cambio, es nítida, finita, independiente, racional, fluida y castrada”.

Para Vargas Llosa: “La realidad es caótica. No tiene ningún orden. En cambio, cuando pasa a la novela sí tiene un orden. Y cuanto más rigurosa sea la construcción de la novela, mejor será la comprensión del mundo que evoca”.

Para Borges, aunque con relación a uno de sus procedimientos pero que probablemente digan de su idea de la literatura en general, y su función, algo que rechazaba pensar: la enumeración, “debe parecer un caos, un desorden y ser íntimamente un cosmos, un orden”.

Para Rosa Montero: “La existencia es un caos, y uno de los servicios que prestamos los novelistas es dar una apariencia de causalidad y de sentido a una realidad que es solo furia y ruido. Incluso la novela más experimental y mas deshilvanada tiene un comienzo y un final y domestica de algún modo esta absurda agitación en la que vivimos. Las novelas son una pequeña isla de significado en el mar del desorden”.

Una resolución, imaginaria. Para Beatriz Sarlo, refiriendo a Fredric Jameson, “una parte enorme de la literatura universal resuelve simbólicamente contradicciones reales. No practica la abolición de la realidad, sino que realiza un proceso de transformación, procesos simbólicos en la literatura”.

Una evasión. Para Beatriz Sarlo nuevamente, “la evasión es un elemento típico de la literatura y hace que esta pueda funcionar. Si el sujeto lector no tuviera la posibilidad de romper con los límites de la vida cotidiana para trasladarse a otro lugar, la literatura no podría funcionar desde un punto de vista antropológico y estético … En ese momento el deseo prevalece, aunque después sea derrotado por la sociedad. El momento de ensoñación y consolación tiene que ver con una ruptura en la rutina cotidiana”.

¿Cuál es, con estas tres dimensiones, aquella particular relación y función que mencionábamos? Calmar la agitación y agitar la calma, de cada cual.

Calmar la agitación, dando nitidez a la monstruosidad de la vida; ordenando el caos; accediendo así a un modo de comprensión del mundo.

Agitar la calma, alentando la imaginaria solución de las reales contradicciones, motor de la acción; impulsando a la acción rompiendo con la cotidianeidad.

Tan bellamente como lo dice Mario Vargas Llosa: “gracias a la literatura, a las conciencias que formó, a los deseos y anhelos que inspiró, al desencanto de lo real con que volvemos del viaje a una bella fantasía, la civilización es ahora menos cruel que cuando los contadores de cuentos comenzaron a humanizar la vida con sus fábulas. Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola”.

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