
Píldoras de la crítica. Redefiniciones estratégicas de la literatura escrita por mujeres. Sandra M. Gilbert & Susan Gubar
(Apenas un breve extracto para pensar, sin hacer crítica de la crítica, ni hacerse parte de entreveros, ni tener que recorrer estos caminos)
“Al leer lo que escribieron las mujeres, de Jane Austen y Charlotte Brontë a Emily Dickinson, Virginia Woolf y Sylvia Plath, nos sorprendió la consistencia de temas e imágenes que encontramos en las obras de escritoras con frecuencia distantes unas de otras geográfica, histórica y psicológicamente … una tradición literaria manifiestamente femenina … Imágenes de encierro y fuga, fantasías en las que dobles locas hacían de sustituías asociales de yoes dóciles, metáforas de incomodidad física manifestada en paisajes congelados e interiores ardientes: estos modelos reaparecían a lo largo de toda esta tradición, junto con las descripciones obsesivas de enfermedades como la anorexia, la agorafobia y la claustrofobia. Para tratar de comprender las ansiedades de las que debió de originarse esta tradición, emprendimos un estudio riguroso de la literatura producida por mujeres en el siglo XIX, porque nos pareció que era la primera época en la que la autoría femenina dejó de ser hasta cierto punto anómala … Comprobamos que, tanto en la vida como en el arte, las artistas que estudiamos estaban encerradas literal y figuradamente. Encerradas en la arquitectura de una sociedad aplastantemente dominada por los hombres, estas literatas tampoco pudieron eludir verse atrapadas en los constructos literarios específicos de la que Gertrude Stein iba a denominar «poética patriarcal». Porque una escritora del siglo XIX no solo tenía que habitar las mansiones (o casitas de campo) ancestrales poseídas y construidas por los hombres, sino que también estaba constreñida y limitada por los Palacios del Arte y las Casas de la Ficción que escribieron los escritores.
Así pues, decidimos que la sorprendente consistencia que apreciamos en la literatura escrita por mujeres podía explicarse por un impulso femenino común hacia la lucha para liberarse del encierro social y literario mediante redefiniciones estratégicas del yo, el arte y la sociedad …
… ya en el siglo XIX existía una subcultura literaria femenina rica y claramente definida, una comunidad en la que las mujeres leían las obras de las demás y se relacionaban entre sí conscientemente … Una de nuestras principales observaciones ha sido que los textos literarios son coactivos (o al menos convincentemente persuasivos), porque, así como Página 9 las mujeres han sido definidas repetidas veces por los autores varones, parece que como reacción les ha resultado necesario representar en sus propios textos las metáforas masculinas como si trataran de comprender sus implicaciones. Así pues, nuestra metodología literaria se ha basado en la premisa bloomiana de que la historia literaria consta de una acción fuerte y una reacción inevitable”.