El nuevo Antiguo Régimen, 3)

El nuevo Antiguo Régimen, 3)

[Hablamos, aquí, de que estaríamos ante un cambio de época; y antes, aquí, de la literatura, Balzac iluminando algunos acontecimientos; seguimos ahora con Víctor Hugo, buscando hablar, con la literatura, de nuestro tiempo, para entenderlo, para pensar].

“La caída de los Borbones rebosó grandeza, no por parte de ellos, sino por parte de la nación. Ellos dejaron el trono con ponderación, pero sin autoridad; su bajada a la oscuridad no fue una de esas desapariciones solemnes que dejan en la historia una emoción sombría; no fue ni la serenidad espectral de Carlos I ni el grito de águila de Napoleón. Se fueron, y nada más. Dejaron la corona y no les quedó ninguna aureola. Fueron dignos, pero no fueron augustos. Le fallaron en cierta medida a la majestad de su desgracia. Carlos X, durante el viaje de Cherburgo, cuando mandó cortar una mesa redonda para convertirla en mesa cuadrada, pareció más preocupado en velar por la etiqueta amenazada que por la monarquía que se venía abajo. Esa mengua entristeció a los hombres entregados que sentían cariño por sus personas y a los hombres serios que rendían honra a su estirpe. El pueblo, en cambio, estuvo admirable. La nación, al ver que una mañana padecía el ataque a mano armada de una especie de insurrección del rey, notó en sí tanta fuerza que no sintió ira. Se defendió, se contuvo, volvió a poner las cosas en su sitio, al gobierno dentro de la ley, a los Borbones, ¡ay!, camino del exilio y en eso se quedó. Agarró al anciano rey Carlos X bajo el dosel que había cubierto a Luis XIV y lo dejó en el suelo con suavidad. No puso la mano sobre las personas regias sino con tristeza y precaución. No lo hizo un hombre, no lo hicieron varios hombres; fue Francia, Francia entera, la Francia victoriosa y ebria de su victoria … ante los ojos del mundo entero tras el día de las barricadas …

Nada hay más extraordinario que el primer rebullir de unos disturbios. Todo estalla a un tiempo por doquier. ¿Estaba previsto? Sí. ¿Estaba preparado? No. ¿De dónde sale? Del empedrado de las calles. ¿De dónde baja? De las nubes. Aquí, la insurrección tiene trazas de conspiración; allá, de improvisación …

No había transcurrido ni un cuarto de hora y esto es lo que estaba pasando casi al mismo tiempo en veinte puntos diferentes de París …

En menos de una hora, veintisiete barricadas brotaron del suelo sólo en el barrio del Mercado Central … Por no mencionar las incontables barricadas en otros veinte barrios de París …

Decían que la Sociedad de los Amigos del Pueblo se había puesto al frente de la insurrección en el barrio de Saint-Avoye … Lo que sí se había puesto al frente de los disturbios era algo así como una impetuosidad desconocida que estaba en el aire …

El ministro de la Guerra, que era a la sazón el mariscal Soult, que había estado en Austerlitz, lo miraba todo con expresión sombría. Esos marineros viejos, acostumbrados a la maniobra correcta y sin más recurso ni guía que la táctica, esa brújula de las batallas, se quedan completamente desorientados ante la gigantesca espuma que se llama la ira pública. El viento de las revoluciones se maneja mal …

Mientras una batalla totalmente política se aprestaba en ese mismo lugar que ya había presenciado tantos acontecimientos revolucionarios, mientras la juventud, las asociaciones secretas y la universidad, en nombre de los principios, y la clase media, en nombre de los intereses, se iban acercando para chocar, enzarzarse y derribarse, mientras todos metían prisa a la hora postrera de la crisis y la invocaban, más allá y fuera de aquel barrio fatídico, en lo más hondo de las cavidades insondables de ese París antiguo y mísero que se oculta tras los esplendores del París dichoso y opulento, oíase retumbar sordamente la voz del pueblo.

Voz amedrentadora y sagrada que es a medias rugido de fiera y a medias palabra de Dios, que aterra a los débiles y que avisa a los prudentes, que llega al tiempo desde abajo, como la voz del león, y desde arriba, como la voz del trueno …

Ya no se trata de un territorio sagrado, sino de una idea santa. La patria se lamenta, bien está; pero la humanidad aplaude. Francia sangra, pero la libertad sonríe; y, al ver la sonrisa de la libertad, Francia olvida la herida …

En resumidas cuentas, restablecer la verdad social, devolverle el trono a la libertad, devolverle el pueblo al pueblo, devolverle al hombre la soberanía, volver a ponerle a Francia en la cabeza el tocado de púrpura, restaurar en toda su plenitud la razón y la equidad, suprimir todo germen de antagonismo al devolverlos a todos a sí mismos, aniquilar el obstáculo que supone la monarquía para la ingente concordia universal, volver a colocar al género humano al mismo nivel que el derecho, ¿puede haber causa más justa y, por consiguiente, guerra mejor? Guerras así construyen la paz. Una fortaleza enorme de prejuicios, de privilegios, de supersticiones, de mentiras, de concusiones, de abusos, de violencias, de iniquidades, de tinieblas se yergue aún sobre el mundo con sus torres de odio. Hay que derribarla. Hay que echar abajo esa mole monstruosa. Vencer en Austerlitz es algo grande; tomar la Bastilla es algo gigantesco …

—¿Quién vive?

Enjolras contestó con tono vibrante y altanero:

—Revolución francesa.

…

los culpables son más bien los privilegiados que los desheredados …

Nunca se supo cómo se llamaba el hombre que habló así; fue cualquier obrero ignorado, un desconocido, un olvidado, un héroe que pasó por allí, ese magno anónimo que siempre se halla en las crisis humanas y en las génesis sociales y que, en determinado momento, dice de forma suprema la frase decisiva y se desvanece en las tinieblas tras haber sido, por un minuto, entre el resplandor de un relámpago, el pueblo y Dios.

Ciudadanos, ¿dónde vamos?” -da su discurso Enjolras … “No hubo aplausos; pero sí prolongados cuchicheos. La palabra es soplo, el estremecimiento de las inteligencias se parece al estremecimiento de las hojas”.

Y asegura: “el siglo XIX es grande, pero el siglo XX será feliz”. Estamos ya en el siglo XXI, otra promesa se necesita.

[Eran los años de 1832 éstos; vendría después 1848].

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