Ciudad de Troya (la Helena de Dante Gabriel Rossetti)

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Ciudad de Troya (la Helena de Dante Gabriel Rossetti)

Helena, señora del amor.

“Helena, de origen celestial, reina de Esparta (¡Oh, ciudad de Troya!)”.

Helena, la sensual.

“Tenía dos pechos de brillo celestial, El sol y la luna del deseo del amor. El señorío de todo el Amor estaba entre ellos. (O Troy’s down,Tall Troy’s on fire!)”

Helena, devota del amor sensual.

“Helena se arrodilló en el santuario de Venus, (¡Oh Troy Town!)”.

Diciendo: ‘Un pequeño regalo es mío, Un pequeño regalo para el deseo del corazón.

¡Escúchame hablar y hazme una señal! (O Troy’s down, Tall Troy’s on fire!)”.

Le realiza una ofrenda, “te traigo una copa esculpida, digna de llenar el banquete de los dioses”, y le ruega: “¡Oh, dale oído a las instancias de mi corazón! (O Troy’s down,Tall Troy’s on fire!)”.

Esa ofrenda, la copa esculpida, “Mira mi pecho, qué tan parecido es; (O Troy Town!) ¡Véanlo desnudo para que el aire lo bese! ¿Es la copa para el deseo de tu corazón? ¡Oh para el pecho, oh hazlo suyo! (O Troy’s down, Tall Troy’s on fire!)”.

Es Helena, con su sensualidad, rogando a Venus, la que reclama que Paris se enamore de ella, la desee. “¿A quién le doy mi pecho? (O Troy’s down,Tall Troy’s on fire!). Cada pecho gemelo es un dulce de manzana. (O Troy Town!)”

Y entonces, “Venus miró el regalo de Helena, (O Troy Town!) Miró y sonrió con sutileza, Vio la obra del deseo de su corazón: – Tú, que estás arrodillada ahí, haz que el Amor te levante! (O Troy’s down,Tall Troy’s on fire!)”.

Y Cupido lanzó su dardo sobre el dormido Paris, se despierta, y murmura: “¡Oh, quién pudiera abrazar su cabeza de oro” (O Troy’s down,Tall Troy’s on fire!)”.

“Troya ha caído, la alta Troya está en llamas”, aun estando Helena y Paris en Esparta, aún apenas despertando al amor, al deseo, aún lejos de la huida, del abandono de Menealo, aún lejos de los diez años de la guerra de Troya, allí yacen dos cuerpos que se desean, el deseo de la mujer que clama ser satisfecho. Y en ese deseo yacen ya no solo dos cuerpos, sino la futura guerra, la futura caída de Troya, otro incendio, no de los cuerpos ardiendo de deseo, sino de la ciudad ardiendo por el fuego.

No es la Helena culpable sin derecho a defensa, la mujer odiada de Eurípides haciéndose eco del sentir griego. No es la Helena que dice su verdad, explica las causas del odio, sabe la solución, del Eurípides que la hace hablar con su propia voz. No es la Helena no solo culpable, sino sin voluntad y avergonzada de sí misma de Alessandro Baricco. No es la Helena, mujer- cuerpo, “fantasma del verdadero placer”, tiranía de Eros, que excita la violencia y la insensatez de Platón. No es la Helena que merece la condena eterna por su lujuria y con ello ser causa de amarguras de Dante. No es la Helena apariencia que redime de derrotas, inutilidades, sacrificios y nos permite seguir transformando con nuestras narraciones de Borges. Es la Helena que no es víctima del deseo de un hombre que la rapta, sino la mujer que desea y reclama satisfacer su deseo, Troya incendiada es otra historia.

(Como excepción, nos dice Borges: “otro poema, es un poema erótico también. No sé qué ocurre hoy, pero a Rossetti le gustaban. Este poema es un poema sobre Helena de Troya. Ahora, Helena, como ustedes saben, fue robada por Paris. Luego Paris la lleva a Troya —París es el hijo de Príamo, el rey de Troya—, y ésa es la causa de la guerra de Troya y de la destrucción de la ciudad.

Entonces, este poema podemos verlo. En la primera estrofa, que dice «Helena, de origen celestial, reina de Esparta», y luego «Oh, ciudad de Troya», porque a medida que Rossetti va diciendo esta fábula que ha inventado él, la fábula del origen del amor del príncipe Paris por Helena, él sabe que el resultado de este amor es la destrucción de la ciudad. Y en el poema él nos da simultáneamente los dos tiempos: el origen del amor, de los amores de Helena y de Paris, y luego la ciudad que será destruida. Es como si el poema se diera en la eternidad, como si se dieran a un tiempo las dos cosas, aunque muchos años las separan. Ahora, lo que se refiere al porvenir, lo que para nosotros es el pasado, eso está entre paréntesis también … En este poema los paréntesis no corresponden a los pensamientos de otra persona, sino a lo que fatalmente ocurrirá cuando llegue el futuro”. En: “Borges profesor”).

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